Érase una vez un país en territorio brasileño, que siendo inventado por los ingleses, era, sin embargo, una provincia argentina. Un país en el que no pasaba nada... absolutamente nada que fuese medianamente interesante ni relevante.
Muchos pensadores de distintas épocas tuvieron la duda: qué pasaría si se serrucharan las fronteras de ese país y una vez convertido en isla, todos sus habitantes saltaran encima al mismo tiempo hasta que se hundiese? Dicha interrogante nunca tuvo respuesta ya que los pensadores eran oriundos de aquel país y en cada rapto de pragmatismo que tenían, al intentar iniciar una charla con los potenciales voluntarios para tal empresa, terminaban hablando del tiempo. No del tiempo en un sentido cronológico ni mucho menos en un sentido filosófico, sino, lisa y llanamente salían, en cada encuentro en un ascensor, de sus bocas frases como "che, qué tiempo loco, eh?" o "pahh, qué calor... vamo a ver cuánto se aguanta... para mí que mañana llueve..."
Y así fue que con el pasar de los años, este tipo de charlas se volvió tradición en aquel país. Tanto así que se volvió el país más pseudoambientalista/pseudoecologista del mundo y cualquier temperatura de más de 20 grados en invierno, automáticamente y por vox pópuli, se convertía en "producto del calentamiento global". Era tal la desesperación de sus habitantes por tener cualquier tipo de fenómenos climáticos adversos, que nadie se conformaba con vivir en una zona templada y subtropical.
Fue tanto el esfuerzo de los habitantes de aquel lugar que finalmente se derritió cuál glacear con un volcán en erupción en el medio. El mundo no se dio por aludido, y siguió girando, sin que nada cambiase ni en la literatura mundial, ni en el fútbol español, ni en la farándula argentina y ni siquiera en la prostitución italiana
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1 comentario:
tas seguro q se derritio? no se habra volado despues del ciclon de agua y viento de martes???????
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