Hoy me voy a dedicar a hacer una de mis actividades preferidas: tirar mierda frente a un ventilador y que salpique para todos lados...
Los otros días escuché a Sergio Gorzy diciendo que no sé quién había escrito un libro donde denunciaba de estafar al fisco al señor (y acá sí que me pongo de pie por las dudas para nombrarlo) Francisco "Paco" Casal (paco, por si vos o alguno de tus alcahuetes, perdón, empleados, leen esto, aclaro: no leí el libro, pero estoy seguro de que todo lo que dice es mentira), y al ser consultado sobre esto, declaró: "lo que pasa que Gabito es antisemita", sí, sí, "antisemita" dijo el hombre y me arruinó, hace 5 días que vengo pensando algo para escribir en el blog que pueda superar tal magnitud de absurdo y no puedo, me bloqueó. Así que Gorzy, sos un sorongo, macho, yo no gano ni un peso escribiendo y encima, me sopleteás el hobby. Cómo hacemos? me pongo a escribir de deportes y de que Uruguay es el mejor equipo del mundo porque en Italia 90 le ganamos 1 a 0 a Corea y a su vez, Corea perdió una vez con Brasil? o me armo un programa al mediodía donde se escuchen de fondo todos los ruidos de obra? o me voy a la franja de Gaza la próxima vez que se pudra entre Israel y Palestina? Decime, cagador!!! Y siguiendo con Gorzy, y La Hora de los Deportes, será el mismo Gorzy el que judea (ah, acá me va a tildar de antisemita, pará, aclaro, mirá que casi, casi que tengo las mismas festividades que vos, así que somos buenos los dos) a Gard llamándolo al celular cada vez que está al aire? y Gard, por qué carajo no apaga el teléfono o por lo menos lo pone en silencio!!!! nadie le avisa de esas cosas? Julio Ríos podría avisarle, a cambio de que Gard le avise que las corbatas que usa, por más que sean carísimas, son la cosa más jaterra que se ha visto en la televisión después de los avisos de fonopréstamos fucac; qué inmundicia, primero la retrasada mental de la hija de Calabró y ahora el gordo indigo de la Tota Santillán, y hablando de Calabró, por qué corno hay una marca de remedios para la garganta que usa la voz de Johny Tolengo? qué carajo tendrá que ver Johny Tolengo con la garganta? cómo alguien le pudo dar pelota al que tiró esa idea en una -valga la redundancia- lluvia de ideas? no se dieron cuenta que estaba siendo irónico el que lo planteó, porque no me vengan a decir que lo dijo en serio porque no creo que haya nadie tan hijo de puta! Y hablando de putas, acaba de empezar una película en canal 4 cuya primera línea fue "qué bien que te queda ese top" con respuesta "fue lo primero que encontré", así que seguro que es una porneta berreta, así que me voy a verla y dejo este posteo por acá.
Espero que alguien se ofenda con lo que escribí y todo termine en un escándalo mediatico con el infradotado que no puede decir dos palabras seguidas que está en las tardes de canal 5 (pienso que aunque sea 1 centécimo ese sueldo lo pago yo y me quiero matar!!!), nada me divertiría más que tener que explicar estos infundados ataques en los medios, eso sí sería más absurdo que las declaraciones de Gorzy y ahí sí, me sentiría feliz de nuevo.
domingo, 31 de agosto de 2008
miércoles, 13 de agosto de 2008
Problemas... sencillamente problemas...
Problemas tenemos todos. Es que una palabra cacofónicamente tan linda, no puede ser despreciada por nadie, ni siquiera por el más soberbio, y mucho menos por el más infeliz.
Así, por ejemplo, podemos conocer el caso de Antonio Mc Carley, un sajón devenido en hurgador, quién por las noches se trasviste, convirtiéndose así en el primer travesti homofóbico del mundo. Tony, como le llaman sus amigos, sufre de todo tipo de discriminaciones, siendo, extrañamente, la menos frecuente aquella por travestismo. Muchas mujeres lo discriminan por tener senos del tamaño de una sandía (de hecho, por debajo de la ropa, Antonio, usa dos sandías ya fermentadas), calificándolo de "ligerita". La mayoría de los hombres que intentan conocerlo en las whiskerías del puerto, suelen discriminarlo por gorda; está aquel también que lo discrimina por heterosexual, y no falta quien lo haga por mugriento, es que es difícil disimular la acumulación de pelusa en el ombligo, más aún si uno usa musculosas que dejan al descubierto toda el área abdominal.
Un día, como tantos otros, Mc Carley volvía de su trabajo diurno de hurgador, cuando, al penetrar en su morada, encontró a su sirvienta sentada en el sillón, leyendo el tercer libro de "El Señor de los Anillos", con los pies extendidos por sobre la mesa. Ella pareció no percatarse de su presencia, sin embargó, él, si se percató de la de ella, incluso, yendo un poco más allá, hasta se percató de que la señorita Aranxa Chow Fan, no estaba llevando ropa interior. Este hecho, le causaba repulsión por un lado, pero placer y exitación por otro; a ella, también. Luego de 16 minutos de estar ambos en la misma posición, Antonio Mc Carley decidió romper el hielo, se dirigió hacia la cocina con el fin de llevar a cabo aquella empresa, sin antes dejar escapar un "¿esa pollera no es mía, Aranxa?" dirigido a su sirvienta, quién sin esperar ni una fracción de segundo, como si ya hubiese tenido la respuesta libretada en un guión, le replicó con un contundente "no". Sin mediar más palabras, Antonio completó su trayecto hacia la cocina, desde donde recorrería el mismo camino, pero a la inversa tres minutos después, portando una hielera repleta de hielo picado, para volver a espetarle a su sirvienta un "¿tomás algo?", "sí, Tomás Aquino, creo que era...", contestó. "No, no, me refería a si querés tomar algo, no sé, tal vez un té de gengibre o un licuado de pasas de uva" , aclaró nuestro travesti. Ella se tomó un segundo para contestar y sin levantar la vista de su libro hizo un gesto de negación con la cabeza, acompañándose de una apertura de piernas digna de un Oscar. Antonio, sin pensarlo dos veces le dijo "a ver, quedate quieta un segundo" y tomando un trozo de hielo de su hielera, agregó "si le embocó, hoy de noche, salís conmigo". Sin esperar respuesta de su interlocutora, lanzó el trozo de hielo directamente a la entrepierna de Chow Fan, quién solo apartó la vista de su libro al sentir el líquido previamente solidificado colarse por su pollera. Casi impávida, agregó "pasame a buscar a las cuatro y media".
No mediaron más palabras hasta la antedicha hora, cuando Antonio, impecablemente vestido con un vestido de gasa, comprado en la franja de gaza, verde, irrumpió en la habitación de una semivestida Aranxa, quién se limitó a decir "Ay, no te esperaba todavía, dejame ponerme el camisón y ya nos vamos".
Una vez en el carrito de chorizos, Antonio, con mayonesa en la comisura del labio dijo "Ara, tengo que confesarte algo después de todos estos años" "¿qué?" inquirió ella, "nada, tontita, me gustás. ¿O es que no te diste cuenta que siempre me pongo mis mejores vestidos para vos?" "¡señor Antonio!" dijo, en clara alusión a él, "¿qué?" iniquirió él, "es que estoy perdidamente enamorada de usted, pero no de usted como hombre, sino de usted como mujer... es tan fina, tan bella, tan robusta, tan intrépida..." soltó un suspiro y continuó diciendo "quiero casarme con usted, pero con usted mujer, aunque, no creo en el casamiento, quiero que entremos las dos a la Iglesia de vestido blanco, inmaculadas". Hubo un silencio. Él lo rompió diciendo "yo también, vayámosnos en el próximo avión a Las Vegas y casémosnos, seamos felices" "sí, señor... a... señorita... Antonio" dijo ella con la sonrisa más grande que había visto alguna vez el expendedor de chorizos.
Tal cual lo dicho, tomaron el primer vuelo a Las Vegas y tan solo 17 horas después de haberlo decidido, ya estaban casados... y cansados uno del otro, así que 5 horas más tarde, decidieron anular sus votos y separarse para no verse nunca más.
Cuando Antonio volvía en el avión a su hogar, pensó: "y sí, estaba visto que esto no tenía futuro, pero, al menos me casé de blanco, y por un momento, fui feliz..."
Así, por ejemplo, podemos conocer el caso de Antonio Mc Carley, un sajón devenido en hurgador, quién por las noches se trasviste, convirtiéndose así en el primer travesti homofóbico del mundo. Tony, como le llaman sus amigos, sufre de todo tipo de discriminaciones, siendo, extrañamente, la menos frecuente aquella por travestismo. Muchas mujeres lo discriminan por tener senos del tamaño de una sandía (de hecho, por debajo de la ropa, Antonio, usa dos sandías ya fermentadas), calificándolo de "ligerita". La mayoría de los hombres que intentan conocerlo en las whiskerías del puerto, suelen discriminarlo por gorda; está aquel también que lo discrimina por heterosexual, y no falta quien lo haga por mugriento, es que es difícil disimular la acumulación de pelusa en el ombligo, más aún si uno usa musculosas que dejan al descubierto toda el área abdominal.
Un día, como tantos otros, Mc Carley volvía de su trabajo diurno de hurgador, cuando, al penetrar en su morada, encontró a su sirvienta sentada en el sillón, leyendo el tercer libro de "El Señor de los Anillos", con los pies extendidos por sobre la mesa. Ella pareció no percatarse de su presencia, sin embargó, él, si se percató de la de ella, incluso, yendo un poco más allá, hasta se percató de que la señorita Aranxa Chow Fan, no estaba llevando ropa interior. Este hecho, le causaba repulsión por un lado, pero placer y exitación por otro; a ella, también. Luego de 16 minutos de estar ambos en la misma posición, Antonio Mc Carley decidió romper el hielo, se dirigió hacia la cocina con el fin de llevar a cabo aquella empresa, sin antes dejar escapar un "¿esa pollera no es mía, Aranxa?" dirigido a su sirvienta, quién sin esperar ni una fracción de segundo, como si ya hubiese tenido la respuesta libretada en un guión, le replicó con un contundente "no". Sin mediar más palabras, Antonio completó su trayecto hacia la cocina, desde donde recorrería el mismo camino, pero a la inversa tres minutos después, portando una hielera repleta de hielo picado, para volver a espetarle a su sirvienta un "¿tomás algo?", "sí, Tomás Aquino, creo que era...", contestó. "No, no, me refería a si querés tomar algo, no sé, tal vez un té de gengibre o un licuado de pasas de uva" , aclaró nuestro travesti. Ella se tomó un segundo para contestar y sin levantar la vista de su libro hizo un gesto de negación con la cabeza, acompañándose de una apertura de piernas digna de un Oscar. Antonio, sin pensarlo dos veces le dijo "a ver, quedate quieta un segundo" y tomando un trozo de hielo de su hielera, agregó "si le embocó, hoy de noche, salís conmigo". Sin esperar respuesta de su interlocutora, lanzó el trozo de hielo directamente a la entrepierna de Chow Fan, quién solo apartó la vista de su libro al sentir el líquido previamente solidificado colarse por su pollera. Casi impávida, agregó "pasame a buscar a las cuatro y media".
No mediaron más palabras hasta la antedicha hora, cuando Antonio, impecablemente vestido con un vestido de gasa, comprado en la franja de gaza, verde, irrumpió en la habitación de una semivestida Aranxa, quién se limitó a decir "Ay, no te esperaba todavía, dejame ponerme el camisón y ya nos vamos".
Una vez en el carrito de chorizos, Antonio, con mayonesa en la comisura del labio dijo "Ara, tengo que confesarte algo después de todos estos años" "¿qué?" inquirió ella, "nada, tontita, me gustás. ¿O es que no te diste cuenta que siempre me pongo mis mejores vestidos para vos?" "¡señor Antonio!" dijo, en clara alusión a él, "¿qué?" iniquirió él, "es que estoy perdidamente enamorada de usted, pero no de usted como hombre, sino de usted como mujer... es tan fina, tan bella, tan robusta, tan intrépida..." soltó un suspiro y continuó diciendo "quiero casarme con usted, pero con usted mujer, aunque, no creo en el casamiento, quiero que entremos las dos a la Iglesia de vestido blanco, inmaculadas". Hubo un silencio. Él lo rompió diciendo "yo también, vayámosnos en el próximo avión a Las Vegas y casémosnos, seamos felices" "sí, señor... a... señorita... Antonio" dijo ella con la sonrisa más grande que había visto alguna vez el expendedor de chorizos.
Tal cual lo dicho, tomaron el primer vuelo a Las Vegas y tan solo 17 horas después de haberlo decidido, ya estaban casados... y cansados uno del otro, así que 5 horas más tarde, decidieron anular sus votos y separarse para no verse nunca más.
Cuando Antonio volvía en el avión a su hogar, pensó: "y sí, estaba visto que esto no tenía futuro, pero, al menos me casé de blanco, y por un momento, fui feliz..."
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sábado, 2 de agosto de 2008
Problemas con el éxito
Definitivamente estoy peleado con el éxito, pero, yo y mis fracasos, nos llevamos muy bien. Es que luego de una vida entera de fracasos, uno lo entra a asimilar, y hasta como que hace las cosas para fracasar. Mismo cuando un fracasado, tiene éxito, lo toma como un fracaso, y si no me creen, pregúntenle a Willians "el langa" Berga.
Willians "el langa" Berga, nació destinado al fracaso; claro, él no tuvo la culpa de tener un padre que no le quisiera dar el apellido, y mucho menos que la rama italiana de la familia de la madre portara tal apellido, ahora, quién le puso un nombre de pila tan de mierda, no lo sé (aunque hay teorías que dicen que Willians era en realidad su segundo nombre, así que de tan solo imaginar el primero, me dan ganas de vomitar). Por supuesto, Willians, nació de tan solo 7 meses, y por tal razón, el marinero coreano que la madre afirma que es su padre biológico, no se quiso hacer cargo, alegando que no era posible que el hijo fuese suyo, ya que "en colea, los hijos nacel depué de nueve mese, no de siete, madre ramera (pronúnciese la primer erre con sonido suave y cual si estuviera solita entre dos vocales) quelel endosalme al bolego ete, yo me subo al plósimo balco y a cagal con todo", habría sentenciado el hombre luego del parto.
En la escuela, Willians, fue objeto de todo tipo de burlas, ya fuere por el apellido, por el nombre o por aquella costumbre de escupir por la nariz la mitad de cada vaso de coca cola que tomaba. Cuando comenzó a cursar el tercer año en la escuela, dejó de merendar... dejó de merendar por causas de fuerza mayor; literalmente, los niños mayores de la escuela usaban sus fuerzas para despojar a Willians de su merienda. Willians, además, vivía en un edificio en el que el promedio de edad era de 74 años (ese promedio se veía drásticamente afectado por la edad de Willians), por lo tanto, no tenía "amigos de barrio", de hecho, lisa y llanamente, no tenía amigos.
No fue hasta tiempos liceales que se ganó el mote de "el langa", claro, un apodo por la contraria: nada más alejado a la figura de un galán que un pre adolescente con la cara cargada de acné, una frondosa pelusa entre su labio superior y la nariz, lentes "culo de botella" y una figura encorvada a la cual toda su ropa le queda chica. Hablando de chica, con las chicas, no tenía mucho éxito (esta parte de la historia hace referencia a un Willians de unos 25 años que frecuenta karaokes coreanos, tal vez, en busca de su padre biológico, la puse acá solo por el juego de palabras, perdón). En la adolescencia, tampoco tuvo éxito con las chicas, en parte por su figura antes descripta, en parte por su tartamudeo, pero en su mayor parte, por aquel defecto de salivar directo al ojo de su interlocutor (a, en este caso) cada vez que pronunciaba la letra ese. Claro, Willy, tampoco tenía la culpa de haber nacido en un país de habla hispana en el que una de cada tres palabras contienen el fonema "s".
Ya de grande, Will, decidió hacer carrera, y consiguió un trabajo medianamente decente en una empresa... en una empresa que cerró 28 días después de que empezó a trabajar, huyendo del país los dueños, de la noche a la mañana, dejando al Willians sin cobrar aquellas 336 horas en las que había desempeñado sus funciones.
Por fin, a eso de los 30 años, conoció a quién creyó que era la mujer de su vida en aquel lugar cerca del puerto, la creencia se terminó cuando la señorita le dijo "no te acordás de mí, no?... íbamos juntos al liceo... qué asco que me dabas... bueno, que me seguís dando, pero bueno, estoy totalmente drogada, así que, como te conozco te voy a hacer precio: luca y media y no pongo cara de asco, te parece bien?" A Willians, le pareció fantástico, solo que no contaba, ni contaría jamás con tal capital.
Saliendo del puerto, debido a su chuequera, tropezó con una piedra y cayó de espaldas, dando con su nuca contra una enorme roca. Nuestro héroe, despertó 12 días después, en un hospital, sentado en una silla de ruedas, sin sentir sus miembros, ni la mitad izquierda de su cara, con un médico, viéndolo con una sonrisa en el rostro, mientras le decía "señor Berga, la operación ha sido un éxito, le salvamos la vida, mañana le damos el alta para que pueda usted seguir con su vida como antes"...
Willians "el langa" Berga, nació destinado al fracaso; claro, él no tuvo la culpa de tener un padre que no le quisiera dar el apellido, y mucho menos que la rama italiana de la familia de la madre portara tal apellido, ahora, quién le puso un nombre de pila tan de mierda, no lo sé (aunque hay teorías que dicen que Willians era en realidad su segundo nombre, así que de tan solo imaginar el primero, me dan ganas de vomitar). Por supuesto, Willians, nació de tan solo 7 meses, y por tal razón, el marinero coreano que la madre afirma que es su padre biológico, no se quiso hacer cargo, alegando que no era posible que el hijo fuese suyo, ya que "en colea, los hijos nacel depué de nueve mese, no de siete, madre ramera (pronúnciese la primer erre con sonido suave y cual si estuviera solita entre dos vocales) quelel endosalme al bolego ete, yo me subo al plósimo balco y a cagal con todo", habría sentenciado el hombre luego del parto.
En la escuela, Willians, fue objeto de todo tipo de burlas, ya fuere por el apellido, por el nombre o por aquella costumbre de escupir por la nariz la mitad de cada vaso de coca cola que tomaba. Cuando comenzó a cursar el tercer año en la escuela, dejó de merendar... dejó de merendar por causas de fuerza mayor; literalmente, los niños mayores de la escuela usaban sus fuerzas para despojar a Willians de su merienda. Willians, además, vivía en un edificio en el que el promedio de edad era de 74 años (ese promedio se veía drásticamente afectado por la edad de Willians), por lo tanto, no tenía "amigos de barrio", de hecho, lisa y llanamente, no tenía amigos.
No fue hasta tiempos liceales que se ganó el mote de "el langa", claro, un apodo por la contraria: nada más alejado a la figura de un galán que un pre adolescente con la cara cargada de acné, una frondosa pelusa entre su labio superior y la nariz, lentes "culo de botella" y una figura encorvada a la cual toda su ropa le queda chica. Hablando de chica, con las chicas, no tenía mucho éxito (esta parte de la historia hace referencia a un Willians de unos 25 años que frecuenta karaokes coreanos, tal vez, en busca de su padre biológico, la puse acá solo por el juego de palabras, perdón). En la adolescencia, tampoco tuvo éxito con las chicas, en parte por su figura antes descripta, en parte por su tartamudeo, pero en su mayor parte, por aquel defecto de salivar directo al ojo de su interlocutor (a, en este caso) cada vez que pronunciaba la letra ese. Claro, Willy, tampoco tenía la culpa de haber nacido en un país de habla hispana en el que una de cada tres palabras contienen el fonema "s".
Ya de grande, Will, decidió hacer carrera, y consiguió un trabajo medianamente decente en una empresa... en una empresa que cerró 28 días después de que empezó a trabajar, huyendo del país los dueños, de la noche a la mañana, dejando al Willians sin cobrar aquellas 336 horas en las que había desempeñado sus funciones.
Por fin, a eso de los 30 años, conoció a quién creyó que era la mujer de su vida en aquel lugar cerca del puerto, la creencia se terminó cuando la señorita le dijo "no te acordás de mí, no?... íbamos juntos al liceo... qué asco que me dabas... bueno, que me seguís dando, pero bueno, estoy totalmente drogada, así que, como te conozco te voy a hacer precio: luca y media y no pongo cara de asco, te parece bien?" A Willians, le pareció fantástico, solo que no contaba, ni contaría jamás con tal capital.
Saliendo del puerto, debido a su chuequera, tropezó con una piedra y cayó de espaldas, dando con su nuca contra una enorme roca. Nuestro héroe, despertó 12 días después, en un hospital, sentado en una silla de ruedas, sin sentir sus miembros, ni la mitad izquierda de su cara, con un médico, viéndolo con una sonrisa en el rostro, mientras le decía "señor Berga, la operación ha sido un éxito, le salvamos la vida, mañana le damos el alta para que pueda usted seguir con su vida como antes"...
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