Casi que un jueves, vuelve la columna de los jueves de monsieur Saicó. Esta vez, debo asumir mi responsabilidad en no haberla publicado un jueves. Hago un mea culpa, o sea, meo la culpa como quién se mea una herida para que se forme un callo. Es que vivir de las rentas y tener 5 mujeres, no es fácil, y encima que ahora tengo un empleado oligofrénico al que no le pago, ni pienso hacerlo, la sumatoria da muchísima más responsabilidad, y en mi piscina climatizada, eso, es mala palabra. Bueno, lo dicho, he aquí, una vez más para todos vosotros, la columna de los jueves de Monsieur Saicó. Salú
Se fue. Me dejó. Así de fácil. Me abandonó. Como se abandonan los zapatos viejos. O como habría que hacer con esa remera a la que después de 115 picaditos de fulbo no hay Cristo ni Beatle (chistecito interno con referencia directa a la entrada del 12 de diciembre, si no la leyó se jode) que le saque la baranda. Así fue, de un día para el otro, sin previo aviso ni nada.
Me había acostumbrado a escuchar su voz que si bien no era aterciopelada, tenía un encanto particular, sobre todo por su entonación. Y era escucharla cinco o más veces por día, siempre con su mensaje directo, al pie, las palabras justas, ni más ni menos, un consejo sabio dado entrelíneas, solapado en una frase. Tenía la virtud de los genios de poder resumir todo en una frase. Y no había cómo enojarse con ella. Si me decía lo que yo quería escuchar, la amaba más que nunca. Si en cambio, como muchas veces pasaba (sobre todo cerca de fin de mes) el mensaje no era bueno, sabía que no podía enojarme con ella. El culpable era yo y solamente yo.
Y la cuestión es que se fue. La señora que decía el saldo de la cuenta del celular antes de cada llamada se fue. Se fue esa chica que de antemano condicionaba la comunicación con nuestros pares. Que nos indicaba cuánto debía durar una llamada: si sería en formato de mensaje de texto (“Toy ahí a las 4”), si podíamos dedicarle unas palabras a nuestro interlocutor (“Mi amor, sabés que te amo, te juro que fue sin querer, no me di cuenta. Sí… sí… no… ya sé que no es la primera vez que lo hago… bueno… pero no te pongas así… ta… ta bien… si en casa hablamos”) o si debíamos recurrir al odiosísimo instituto de “la llamada perdida” para que nos llamen (yéndome un poco por las ramas, esto debería ser considerado delito, y sus autores colgados en la plaza del pueblo, sometidos al escarnio público y sus miembros cercenados colgados en los cuatro rincones de la República para advertencia del resto de la población).
Y nos dejó tirados a todos. Ahora para hablar con ella hay que llamar a un número especial y dar mil vueltas y ya no es lo mismo, ya no es cómodo.
Pero bueno, las cosas pasan y hay que asumirlas, se fue, no va volver y ya está. Ya no vamos a escuchar su característico: “Usted podrá hablar cuarenta ____ yún ____ minutoscón ____ veinte _____ segundos”. Pero tenemos que asumir que no va a volver. Esa pobre señora se quedó sin trabajo y no he visto ningún gremio movilizarse por eso (¿dónde quedó la inamovilidad de los funcionarios públicos?). A la que sí he visto movilizarse es a la sociedad civil. En la interné, los usuarios del servicio de telefonía celular se quejan de que quieren saber cuánto tiempo quieren hablar y reclaman la reincorporación a su puesto de trabajo de esta mujer.
Ahora, lo que me llama la atención es que si mal no recuerdo hubo una época en que la gente se quejaba de la presencia de ese servicio previo a cada llamada. Que terminaba siendo pesado, que sacaba cinco segundos de tiempo… Y esto me lleva a pensar si no será que el deporte nacional en el Uruguay no es ni el futbol ni las bochas (ni siquiera su hermano indigno que reaparece cada verano, el tejo) sino quejarse. Quejarse de todo, no importa. ¿Uruguay no será la gata Flora del mundo?
No sé, la dejo picando, para más información lea, entre otras, la entrada del jefe, un tipo que piensa y reflexiona y tiene respuestas acertadas (no como uno), del 8 de diciembre.
n. de r.: en cualquier momento me digo a escribir yo mismo una entrada.
n. de r. 2: esta vuelta se me dio por leer la columna de los jueves, y la verdad que, escribe bien el oligofrénico... ahora, yo, uso movistar (señores de movistar, la cosa es así: mi teléfono, se rompió, yo sé que no es culpa de ustedes, sino de don josé sony, pero, si aparece mágicamente abajo de mi árbol de navidad un telefonito, que bien podría ser un iPhone, yo, en todas las entradas que vendrán, hablo bien de ustedes, ustedes ven qué hacen...).
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1 comentario:
Clap clap clap... Muy bueno sote, sote muy bueno!!! Continúe así, mesié saicó.
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