A ver, pongámonos de acuerdo, por favor; el Clamor Popular (y lo pongo en mayúsculas porque Clamor Popular es una persona jurídica) me pide encarecidamente que ponga en el blog una encuesta. Qué hago? La pongo (no tomarlo con doble sentidos, no estoy para hablar de mi vida sexual -porque no hay, sino, hablaría-), y qué pasa? 3 votos!!!! (uno de ellos encima mío como para decretar un empate técnico). Tres votos!!!??!!?? pensé que nos habíamos puesto de acuerdo y que la cosa era que yo escribía cosas y ustedes, como monitos, me seguían las gracias, pero no. Parece que no soy su titeretero... Vamos a ver si reflexionamos un poco sobre esto y catapultamos el blog a la fama!!
Bueno, aclarado esto, voy a sumergirme en los que hoy nos concierne.
Leyendo por la interné, descubrí unos datos realmente interesantes sobre algunos países. Me voy a detener particularmente en dos (hay uno que no tengo muy claro si es realmente un país): Guam e Indonesia. Resulta ser que estos dos tienen costumbre extrañas y de cierto modo complementarias, en Guam, resulta ser que hay hombres que se dedican a recorrer el país desvirgando mujeres, ya que están muuuyyy mal vistas las vírgenes (a ver si tomamos el ejemplo por estas latitudes, ya que siempre copiamos lo malo de afuera, copiemos algo bueno); es así entonces que este grupo de agraciados caballeros, se ganan la vida. Por otro lado (mm, qué fino está el hilo de los doble sentidos con esta temática), resulta ser que en Indonesia, fueron un poco más allá (un poco mucho) y mandan a la horca a quién encuentran masturbándose, dicho de una manera más sencilla, si te agarran apuñalando al gato te ahorcan (y no te la ahorcan).
Qué pasaría si un Guamés viajara a Indonesia?? Aquí la respuesta:
(dramatización)
el guamés, llamémoslo "Cacho", llega a su hotel en Indonesia y mantiene un diálogo con el conserje
- Hola, señor conserje, mire, me llamo Cacho y soy guamés, como usté bien sabrá, en mi país es una sana costumbre andar desvirgando mujeres, sabrá usté dónde puedo encontrar chicas vírgenes? porque usté vió como es esto, no? uno se agarra la costumbre y la costumbre pasa a ser adicción, entonces, si no desvirgo a alguien de acá a un rato, voy a tener problemas con la abstinencia, usté me entiende, no?
- Señor Cacho, mire, yo entiendo su problema, pero vió como es esto, acá ta muy mal visto el tema de bajarse una mano, entonces, yo lo entiendo, pero trate de aguantarse un rato, vaya nomás a la habitación y yo veo qué le puedo conseguir, tengo a mi sobrina de 12 años que me parece que es virgo todavía, pero no sé, usté dejeme preguntarle y yo cualquier cosa se la mando a la habitación. Tá bravo por acá el tema de conseguir vírgenes, pero yo voy a hacer todo lo posible por usté. Vaya nomás y aguanteme un ratito señor Cacho.
- Bueno, le agradezo si se apura porque entre el viaje y todo, medio que ya me están temblando las manos.
- Sí, sí, quédese tranquilo señor Cacho. Vaya nomás
- Bueno, muchas gracias, señor Conserje.
Luego de dos horas y cuarenta y cinco minutos de espera en la habitación de Cacho, el guamés
Cacho- Uyy, Dios!! no doy más, este hombre no me trae novedades más, necesito, necesito... Uff, y si me bajo una mano acá? yo sé que se ponen medios locos acá con este tema, pero total, nadie se va a enterar y este pistola del conserje, por lo menos 5 minutos más va a demorar... sí, sí, sabés lo qué, me bajo una manopla, son tres minutos, nadie se entera...
pasados dos minutos y medio, la puerta de la habitación de Cacho, el guamés, se abre repentinamente
El conserje- Señor Cacho... Señor Cacho?... Señor Cacho!! Qué está haciendo, le traigo a mi sobrina y a una amiguita que estaba jugando con ella y me encuentro con esto? Señor!!! Dónde se piensa que está? En algún país perdido como Uruguay? No Señor Cacho!! Lo voy a tener que denunciar! -a su sobrina- Y vos, nena, tapate los ojos ya mismo!
Cacho- No, pero, pará, te puedo explicar... cómo me vas a denunciar? si nosotros eramos amigos, no seas malo, cabeza...
Conserje- Esta! Cabeza, esta! Ya mismo lo voy a denunciar. Tengo testigos! quédese ahí mismo! - toma el teléfono, marca rápidamente- Hola, sí, policía? ... Sí, sí, mire, lo llamo acá del hotel Paraiso del Amor... sí, sí, tengo a uno, lo agarré con las manos en la masa... bueno, quien dice masa... usté me entiende... vengan inmediatamente para acá!... sí, gracias. -a Cacho- Je, je, te va a salir caro esto, sucio!! criminal!!! - a la sobrina- y vos, dejate de tocar a tu amiga!!! te dije o no te dije que te taparas los ojos?? sí te dije!!! tapatelos ya!!!
se escuchan sirenas acercándose...
Cacho- No, pero, no seas malo, no lo podemos arreglar de otra manera?? esto me va a dar un problema y yo tengo una reputación, yo tengo el récord de Guam... fíjese, yo desvirgué 38 chiquilinas en un solo día... Cómo me van a mirar después?
policías irrumpen violentamente en la habitación. Al conserje
Policía- Es este el criminal?
Conserje- Sí, es él el inmoral.
Policía - -por el radio- Sí, central, tengo un 412 en progreso acá, solicito refuerzos urgente. - a Cacho- Inmundo, se te van a ir las ganas de romper las leyes a vos, te vamos a enseñar en la seccional
Cacho- (con el arma del delito escondiéndose entre sus piernas) Pero, oficial, no es para tanto, si yo solo estaba...
Policía - (propinándole a Cacho un golpe en la cabeza con la culata de su arma... la del policía) Cállese, delincuente!!!
tres días después, Cacho vuelve en sí para darse por enterado que una soga rodea su cuello y un montón de indonesios lo miran tocándose los genitales
Policía- Por fín despertó, Señor! Usté fue condenado a morir en la horca, tiene algún último deseo que le podamos conceder antes de proceder? Ahh, y no vale la bobada de decir, "sí, deseo que no me ahorquen" qué se piensa? que somos idiotas?
Cacho- Bueno, considerando que hace tres días estoy desmayado, más el día de viaje y todo eso, quisiera pedir como último deseo, morir desvirgando a alguien...
Policía- Muy razonable... a ver... -al público- Alguien que sea voluntaria o voluntario??
tras no obtener respuestas... Bueno, sabe qué, como es ley cumplirle la última voluntad a alguien que va a morir en la horca, no me queda otra que ser yo mismo el voluntario, espero que no le moleste... sin rencores...
Cacho- Y bueno, si no hay más remedio, andá bajándote los pantalones, pero nada de mariconadas, eh!!!
Y así, cumpliéndose la última voluntad de Cacho fue que el policía terminó con su vida... y con su propia virginidad...
Gracias a refuerte del foro de macacos.com.uy (sí, sí, uso mac y todo este agradecimiento era solo para decirlo...) por la inspiración.
miércoles, 23 de abril de 2008
jueves, 17 de abril de 2008
a votaaaaaarrrrrrrrrr
Muchachada, el blog está que arde!!!!! (5 visitas al mes, más o menos) Y bueno, como uno se debe a su público, tenemos cosas nuevas: la fotito de cabecera (que por suerte la interné no transmite aromas todavía...), los links (bueno, el link), la encuesta (que está prendida fuego, parece que la estuviera haciendo Factum por la cantidá de gente que ha votado) y la misma ironía, humor mordaz y opinión comprometida de siempre, aunque nos quieran censurar (me pongo en víctima porque eso vende mucho -¿?-), seguimos creciendo (yo y el inquilino que tengo desde hace casi un mes alojado en mi sistema digestivo; él está creciendo más que yo) y renovándonos para usté!!! Así que... A votarrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr se ha dicho!!!!!!!!!!!!!!!!
domingo, 13 de abril de 2008
Problemas Históricos
Por estas fechas (Abril), comienza a aflorar en el uruguayo medio una especie peligrosa de nacionalísmo (bueno, de hecho, el uruguayo medio siempre tiene este problema latente) comienza el 19 de Abril cuando en escuelas y liceos a lo largo del país se venera a esos treinta y tres valientes que cruzaron el río Uruguay, desembarcaron en la playa de la Agraciada (el razonamiento de cualquier ser vivo con un coeficiente intelectual promedio marca que ninguna playa sobre los márgenes del río Uruguay, jamás puede considerarse agraciada, más bien, es una porquería), tuvieron tiempo para posar mientras Blanes gastaba pinturas y lienzo en pintar algo que no terminó porque seguramente le pareció una reverenda porquería, seguramente comieron, jugaron a las cartas y se mamaron (todo aquel que alguna vez en su vida haya reaizado un viaje en canoa o bote bien sabe que el fin ulterior es tomar vino y comer hasta quedarse dormido en tierra) para luego comenzar a dar vida al mito de la garra Charrúa (dentro de esos treinta y tres, seguro no había ningún Charrúa, y muy probablemente ninguno que tuviera que madrugar para trabajar, aunque seguramente la motivación de todos fue no aguantar a la esposa por unos cuantos días) y echar de estas tierras a los brasileros que ejercían aquí el dominio. Primer gran error histórico (lo que debería ser recordado como la primer dictadura de las minorías): ¿por qué si solo treinta y tres “orientales” sin trabajo, cansados de aguantar a sus esposas y encima ostentando un estado importante de ebriedad no querían ser brasileros o en su defecto ingleses (mire de qué buena salud gozan los países que fueron protectorados británicos) lograron su cometido y ahora somos esto, una porquería de país que ni habla portugués, ni tiene cinco campeonatos del mundo ganados ni utiliza el lanza perfume en sus carnavales, y ni siquiera tiene un promedio de temperatura anual de 25 grados, o por otro lado (opción B) no habla inglés, no tiene una reina a quién adorar (u odiar, pero reina al fín), o ni siquiera fuimos el lugar a donde mandar toda la porquería humana para que no ocupe lugar en la madre patria?
Treinta y tres desempleados con miedo al divorcio y aversión por las bebidas alcoholicas de mala calidad no deberían decidir el futuro de todo un país. El 19 de Abril debería ser recordado como el día en que treinta y tres personas estuvieron en el momento y lugar equivocado.
Ojalá la cosa terminara ahí, pero no, como la estupidez es contagiosa, menos de un mes después de eso, tenemos que ver en los quioscos sobre las paradas de ómnibus las revistas Charoná (sí, claro, muy creible el tema de que un indígena vaya a la escuela y encima le guste estudiar a quiénes lo persiguieron, mataron y echaron de sus tierras siendo que con los brasileros, se sentían muy a gusto), tapando los titulares realmente importantes de las tapas de los diarios (los cuales tienen nombres realmente admirables y de una inteligencia inverosímil: El País, muy original copiarle el nombre al diario más importante de Madrid; La República, mismo perro con distinto collar; El Observador, ¿qué está pasando? ¿había necesidad de traducir literalmente el nombre de otro periódico?), solamente para leer año tras año el título: “La Batalla de las Piedras”.
La cosa sigue 32 días después cuando le festejamos el cumpleaños a alguien que ya está muerto, que ni siquiera quiso venir a la inauguración de Uruguay como país porque estaba más cómodo en Paraguay (sí, sí, en Paraguay, con dengue y todo) y que encima decimos que es el Prócer de la Patria, pero claro, si de verdad lo fuera, la capital sería Artigas, y en Artigas, no festejarían carnaval con desfiles en la calle de agrupaciones de Samba enredo mientras el público toma caipirinha y fala em portunhol. No nos conformamos con eso, sino que manipulamos a nuestros niños de seis y doce años quienes todavía no tienen la capacidad de pensar por sí mismos, haciéndolos prometer y jurar la bandera cual ganado. Haciéndolos responsables por si hay una guerra a defender la patria o ser tildados de desertores. ¿Y qué bandera juran? ¿la de Artigas? ¿la de los treinta y tres beodos que por lo menos nos dan la opción de libertad o muerte y que toda persona medianamente normal elegiría la opción a y no la b? no, no, no, los hacemos jurar y prometer la bandera de Uruguay, que solo un subnormal podría habr diseñado incluyéndole un sol con cara, convirtiéndonos así en el primer país del mundo que tiene tres banderas, una más fea que la otra.
Veintinueve días después festejamos la jura de la constitución, pero como siempre cae en la mitad de las vacaciones de Julio, los escolares y liceales no tienen que sufrir, así que el daño es mínimo (bueno, salvo que el 80% de la población taaaan nacionalista cree que el 18 de Julio es la fecha de la independencia del Uruguay).
Por fin llegamos al 25 de Agosto, ahora sí, la conclusión, la Independencia de los Orientales que declara írritos, nulos y disueltos (podrían haber ahorrado dos palabras si solo decían “disueltos”, acá comienza la tradición de la redundancia del periodista deportivo y el vendedor ambulante en pos de la grandilocuencia) todo lo que hubo antes (brasileros, ingleses, etc, etc.), o para justificar la noche de la nostalgia…
Las conclusiones son dos: primero que nada, la culpa de todo nuestro presente la tienen las esposas, novias y amantes de los treinta y tres orientales. Segundo: las revoluciones petrióticas no se hacen en verano…
Treinta y tres desempleados con miedo al divorcio y aversión por las bebidas alcoholicas de mala calidad no deberían decidir el futuro de todo un país. El 19 de Abril debería ser recordado como el día en que treinta y tres personas estuvieron en el momento y lugar equivocado.
Ojalá la cosa terminara ahí, pero no, como la estupidez es contagiosa, menos de un mes después de eso, tenemos que ver en los quioscos sobre las paradas de ómnibus las revistas Charoná (sí, claro, muy creible el tema de que un indígena vaya a la escuela y encima le guste estudiar a quiénes lo persiguieron, mataron y echaron de sus tierras siendo que con los brasileros, se sentían muy a gusto), tapando los titulares realmente importantes de las tapas de los diarios (los cuales tienen nombres realmente admirables y de una inteligencia inverosímil: El País, muy original copiarle el nombre al diario más importante de Madrid; La República, mismo perro con distinto collar; El Observador, ¿qué está pasando? ¿había necesidad de traducir literalmente el nombre de otro periódico?), solamente para leer año tras año el título: “La Batalla de las Piedras”.
La cosa sigue 32 días después cuando le festejamos el cumpleaños a alguien que ya está muerto, que ni siquiera quiso venir a la inauguración de Uruguay como país porque estaba más cómodo en Paraguay (sí, sí, en Paraguay, con dengue y todo) y que encima decimos que es el Prócer de la Patria, pero claro, si de verdad lo fuera, la capital sería Artigas, y en Artigas, no festejarían carnaval con desfiles en la calle de agrupaciones de Samba enredo mientras el público toma caipirinha y fala em portunhol. No nos conformamos con eso, sino que manipulamos a nuestros niños de seis y doce años quienes todavía no tienen la capacidad de pensar por sí mismos, haciéndolos prometer y jurar la bandera cual ganado. Haciéndolos responsables por si hay una guerra a defender la patria o ser tildados de desertores. ¿Y qué bandera juran? ¿la de Artigas? ¿la de los treinta y tres beodos que por lo menos nos dan la opción de libertad o muerte y que toda persona medianamente normal elegiría la opción a y no la b? no, no, no, los hacemos jurar y prometer la bandera de Uruguay, que solo un subnormal podría habr diseñado incluyéndole un sol con cara, convirtiéndonos así en el primer país del mundo que tiene tres banderas, una más fea que la otra.
Veintinueve días después festejamos la jura de la constitución, pero como siempre cae en la mitad de las vacaciones de Julio, los escolares y liceales no tienen que sufrir, así que el daño es mínimo (bueno, salvo que el 80% de la población taaaan nacionalista cree que el 18 de Julio es la fecha de la independencia del Uruguay).
Por fin llegamos al 25 de Agosto, ahora sí, la conclusión, la Independencia de los Orientales que declara írritos, nulos y disueltos (podrían haber ahorrado dos palabras si solo decían “disueltos”, acá comienza la tradición de la redundancia del periodista deportivo y el vendedor ambulante en pos de la grandilocuencia) todo lo que hubo antes (brasileros, ingleses, etc, etc.), o para justificar la noche de la nostalgia…
Las conclusiones son dos: primero que nada, la culpa de todo nuestro presente la tienen las esposas, novias y amantes de los treinta y tres orientales. Segundo: las revoluciones petrióticas no se hacen en verano…
jueves, 3 de abril de 2008
Problemas mentales
Bueno, bueno, parece ser que al fin la campaña de los comentarios, funcionó, ahora, sí, que no decaiga esto, porque en cualquier momento me escribo un libro y me lo compran... 4 personas.
Aclarado este punto, vamos (yo y el alien que tengo de inquilino hace dos días en mis intestinos) a lo que realmente nos (a mí, al alien y a las cuatro personas que esporádicamente leen esto) interesa.
Estoy trabajando en una nueva teoría sociológica: cómo medir el índice de estupidez semanal del uruguayo medio.
Parecería ser una ardua tarea, sobre todo para cualquier uruguayo medio, pero no, es realmente una estupidez (nota para mí mismo: estos juegos de palabras garpan muchísimo, tenelos en cuenta); símplemente (el corrector ortográfico no cree en las palabras sobreesdrujulas, y a decir verdad, yo tampoco) basta con ir una vez por semana a cualquier supermercado dentro de un Shopping, tomar un carrito y deleitarse durante media hora.
Decidido a trabajar en esta teoría, hoy mismo, la llevé a cabo, a las mil novecientos treinta horas, penetré en un conocido supermercado que a los efectos de no comprometer a nadie, en este blog le llamaremos "mercado británico", en el shopping que lleva por nombre la capital del país en donde se encuentra. Tomé mi carrito (changuito para los lectores argentinos -aspiro a ser internacional en algún momento-) y rumbeé hacia la parte de verduras y frutas, allí, un señor gordo, barbudo y calvo, había dejado su carrito entre las manzanas y las naranjas, cortando el paso cuál asambleista de Gualeguaychú. Como persona educada que soy (¿?), opté por esbozar un tímido "permiso" del cuál no recibí ni percibí respuesta alguna. Como pude, dí media vuelta y me decidí a cruzar el pasillo central en el mismo momento en el que se atravesaba un matrimonio de unos 35 años (de edad y no de matrimonio) con un crío de no más de 12 (años), este último, venía corriendo y como queriendo reafirmar la impenetrabilidad del metal del cual están hechos los carritos, dió de lleno su cabeza contra mi vehículo supermercadil, al padre, le pareció mucho más interesante ponerse a investigar la forma irregular de los jengibres que preocuparse por el estado sanitario de su hijo, a la madre, no. A la madre le resultó mucho más interesante propinarme todo tipo de insultos: "tarado, ¿no te das cuenta que le reventaste la cabeza a mi hijo? ¿por qué no mirás por dónde caminás, pedzao de un vejiga?", tranquilamente, sabiendome dueño temporal de la razón, le contesté: "cuchame un poco, pedazo de una retrasada mental, tu hijo es un imbécil, pero viéndote a vos y al salame del padre, me doy cuenta que la culpa la tiene exclusivamente la genética", percibí que no entendió muy bien qué le estaba diciendo, así que sin más, seguí mi camino rumbo a la carnicería, una vez allí, saqué el número 1238, por suerte, solamente iban por el 1179, así que la espera no fue tan grave. Por fin llegó al 1237, número que correspondía a una octagenaria, y allí comenzó a hacer su pedido: "mijo, deme medio kilo de carne picada"... "así está bien, señora", respondió el carnicero, "nooo, mijo, no, eso es un disparate, sacame un poco", de muy buena gana el carnicero sacó un puñado y volvió a pesar, "320 gramos, doña, ¿qué más?", "no, no, perá, mijito, eso no me da para hacer las empanadas para mi nieto, las hamburguesas para el vecino y encima darle de comer al perro de mi madre", la situación se perpetuó de la misma manera por tres cuartos de hora más, hasta que la vieja quedó conforme con los 472 gramos de carne picada que finalmente se llevó. Por fin mi turno: "dame dos costillas redondas y un kilo de colita de cuadril", "mirá qué suerte, es la última colita que me queda", comentó el carnicero, "no, no, yo también quiero llevar colita de cuadril, no se la podés vender toda a él", interrumpió una señora gorda, "pero, señora, ya está, ya se la pedí yo, no sé, llévese otra cosa, un pedazo de vacío, no sé", "no, no, y no" contestó, "perdón que me meta", dijo el carnicero, y agregó "la señora, me parece que tiene razón, no te la puedo vender toda a vos", "bueno, sabe qué, señora, llévesela usté, y ojalá que le caiga mal" sentencié y partí decepcionado rumbo a la caja a comprar cigarrillos. El hombre que estaba pagando delante mío en la fila de la caja, se dirigió a la cajera: "no, pero, fijate, en la góndola, el aceite este de oliva estaba marcado a cuatrocientos veintiocho pesos, y vos me lo estás cobrando a cuatrocientos treinta", mientras la vieja de la carne picada, estaba ahora atrás mío en la fila, golpeándome con su carrito en las piernas cada intervalos de 16 segundos. La cajera, presionó un botón que accionó una luz roja sobre la caja y casi inmediatamente apareció un empleado, al cuál le encomendó la tarea de ir a fijarse en la góndola el precio del aceite de oliva. Tras diez minutos de ausencia del gondolero (y no de venezia) y 37, 5 golpes del carrito de la doña en mis piernas, me decidí, y luego de un "permiso", me decidí a abandonar el recinto con las manos vacías, justo cuando estaba atravesando la puerta, casi sintiéndome libre, sonó la alarma y dos monigotes aparecieron corriendo y sin mediar palabra, me propinaron unos 228 golpes hasta que caí inconciente. Al despertar al otro día en una cama de hospital, saqué mis conclusiones: "nivel de estupidez humana del día de ayer medida en el uruguayo medio: normalmente alta"...
Aclarado este punto, vamos (yo y el alien que tengo de inquilino hace dos días en mis intestinos) a lo que realmente nos (a mí, al alien y a las cuatro personas que esporádicamente leen esto) interesa.
Estoy trabajando en una nueva teoría sociológica: cómo medir el índice de estupidez semanal del uruguayo medio.
Parecería ser una ardua tarea, sobre todo para cualquier uruguayo medio, pero no, es realmente una estupidez (nota para mí mismo: estos juegos de palabras garpan muchísimo, tenelos en cuenta); símplemente (el corrector ortográfico no cree en las palabras sobreesdrujulas, y a decir verdad, yo tampoco) basta con ir una vez por semana a cualquier supermercado dentro de un Shopping, tomar un carrito y deleitarse durante media hora.
Decidido a trabajar en esta teoría, hoy mismo, la llevé a cabo, a las mil novecientos treinta horas, penetré en un conocido supermercado que a los efectos de no comprometer a nadie, en este blog le llamaremos "mercado británico", en el shopping que lleva por nombre la capital del país en donde se encuentra. Tomé mi carrito (changuito para los lectores argentinos -aspiro a ser internacional en algún momento-) y rumbeé hacia la parte de verduras y frutas, allí, un señor gordo, barbudo y calvo, había dejado su carrito entre las manzanas y las naranjas, cortando el paso cuál asambleista de Gualeguaychú. Como persona educada que soy (¿?), opté por esbozar un tímido "permiso" del cuál no recibí ni percibí respuesta alguna. Como pude, dí media vuelta y me decidí a cruzar el pasillo central en el mismo momento en el que se atravesaba un matrimonio de unos 35 años (de edad y no de matrimonio) con un crío de no más de 12 (años), este último, venía corriendo y como queriendo reafirmar la impenetrabilidad del metal del cual están hechos los carritos, dió de lleno su cabeza contra mi vehículo supermercadil, al padre, le pareció mucho más interesante ponerse a investigar la forma irregular de los jengibres que preocuparse por el estado sanitario de su hijo, a la madre, no. A la madre le resultó mucho más interesante propinarme todo tipo de insultos: "tarado, ¿no te das cuenta que le reventaste la cabeza a mi hijo? ¿por qué no mirás por dónde caminás, pedzao de un vejiga?", tranquilamente, sabiendome dueño temporal de la razón, le contesté: "cuchame un poco, pedazo de una retrasada mental, tu hijo es un imbécil, pero viéndote a vos y al salame del padre, me doy cuenta que la culpa la tiene exclusivamente la genética", percibí que no entendió muy bien qué le estaba diciendo, así que sin más, seguí mi camino rumbo a la carnicería, una vez allí, saqué el número 1238, por suerte, solamente iban por el 1179, así que la espera no fue tan grave. Por fin llegó al 1237, número que correspondía a una octagenaria, y allí comenzó a hacer su pedido: "mijo, deme medio kilo de carne picada"... "así está bien, señora", respondió el carnicero, "nooo, mijo, no, eso es un disparate, sacame un poco", de muy buena gana el carnicero sacó un puñado y volvió a pesar, "320 gramos, doña, ¿qué más?", "no, no, perá, mijito, eso no me da para hacer las empanadas para mi nieto, las hamburguesas para el vecino y encima darle de comer al perro de mi madre", la situación se perpetuó de la misma manera por tres cuartos de hora más, hasta que la vieja quedó conforme con los 472 gramos de carne picada que finalmente se llevó. Por fin mi turno: "dame dos costillas redondas y un kilo de colita de cuadril", "mirá qué suerte, es la última colita que me queda", comentó el carnicero, "no, no, yo también quiero llevar colita de cuadril, no se la podés vender toda a él", interrumpió una señora gorda, "pero, señora, ya está, ya se la pedí yo, no sé, llévese otra cosa, un pedazo de vacío, no sé", "no, no, y no" contestó, "perdón que me meta", dijo el carnicero, y agregó "la señora, me parece que tiene razón, no te la puedo vender toda a vos", "bueno, sabe qué, señora, llévesela usté, y ojalá que le caiga mal" sentencié y partí decepcionado rumbo a la caja a comprar cigarrillos. El hombre que estaba pagando delante mío en la fila de la caja, se dirigió a la cajera: "no, pero, fijate, en la góndola, el aceite este de oliva estaba marcado a cuatrocientos veintiocho pesos, y vos me lo estás cobrando a cuatrocientos treinta", mientras la vieja de la carne picada, estaba ahora atrás mío en la fila, golpeándome con su carrito en las piernas cada intervalos de 16 segundos. La cajera, presionó un botón que accionó una luz roja sobre la caja y casi inmediatamente apareció un empleado, al cuál le encomendó la tarea de ir a fijarse en la góndola el precio del aceite de oliva. Tras diez minutos de ausencia del gondolero (y no de venezia) y 37, 5 golpes del carrito de la doña en mis piernas, me decidí, y luego de un "permiso", me decidí a abandonar el recinto con las manos vacías, justo cuando estaba atravesando la puerta, casi sintiéndome libre, sonó la alarma y dos monigotes aparecieron corriendo y sin mediar palabra, me propinaron unos 228 golpes hasta que caí inconciente. Al despertar al otro día en una cama de hospital, saqué mis conclusiones: "nivel de estupidez humana del día de ayer medida en el uruguayo medio: normalmente alta"...
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