viernes, 20 de junio de 2008

Archigas, amigo Archigas

Cuando sea grande, quiero ser como Artigas y que el Jorge Nasser de dentro de 200 años tenga un tatuaje de mi cara en el brazo.
Y ya que hablo de Artigas, es momento de confesar algo que tengo guardado desde hace años: técnicamente, no juré la bandera en el liceo, sí, me hice el gil y aprovechando el malón de voces, me limité a mover los labios, así que cuando los brasileros nos invadan y me llamen al ejercito, les voy a contestar "eu nao falo espanhol, Archigas, minga, eu nao jureí um caralho, filho da iegua". Sí, tendría 12 años, pero tampoco era bobo, mire si voy a andar jurando que voy a defender honrar y proteger la bandera esta con un sol con cara, incluso con la muerte si fuese necesario. Además, por qué voy a andar metiendo juramentos en un país laico, dónde se vio semejante disparate? Y a quién se le ocurrió que el día que se festeja el cumpleaños de Artigas (que vendría a ser como una navidad, pero más chuminga), se jure la bandera de un país que a él le importó menos que quedarse tomando mate en Paraguay con mosquitos del dengue y todo? A ver si soy claro: se inauguró Uruguay como país y el tipo se quedó en Paraguay, y eso que lo invitaron al acto. Es como que Artigas fue el Doctor Frankenstein de Uruguay, solo que no se hizo cargo de este monstruo, y la verdá, no da para culparlo, yo hubiese hecho lo mismo, ahora, ojo, los que armaron este país se vengaron bastante bien, metieron su nombre en el departamento más berreta y alejado de la capital de todos, le hicieron una calle en la capital en la cual paran absolutamente todos los changos y los travas, y la hijaputés más grande, hicieron un álbum de figuritas con su nombre. A mí gusto, en esa última, se fueron a la mierda, no había ninguna necesidad.
En fin, el hombre se movía a la prima, traía bagayo a cara de perro, era blandengue (que para la época es como decir milico de cuartel) y por lo tanto cuándo no había trabajo se dedicaría a chupar vino como un cretino, se fue a Paraguay a no hacer absolutamente nada, y encima se llevó un grone para que lo atendiera. En fin, cuando sea grande, quiero ser como Artigas.

domingo, 8 de junio de 2008






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martes, 3 de junio de 2008

Uruguay: el único país del mundo en el que tomar merca está mejor visto que fumarse un pucho

Qué título tan descriptivo que me mandé! Antes de empezar, como siempre, la puesta al día de rigor: Desde acá, apoyo totalmente a MI amigo el piñe (no el narigón de la tele, ese no es mi amigo, aunque me cae muy simpático) en su campaña en contra de Humberto de Vargas, o como bien dice mi (MI) amiga la ena, Ungüento de Nalgas: Yo también lo detesto, ya te vamos a hacer caer, Ungüento, y vas a dejar de orgasmar cada vez que decís "el canal uruguayo". Ahora sí, a lo que importa.

Empezó Junio, y empezó la segunda prohibición de fumar en lugares públicos, o sea, me viene quedando fumarme un puchito en casa y más nada. Sin ir más lejos, hoy mismo, salí de mi trabajo a fumarme un puchito, como siempre hago, respetando el aire de los demás, pero como hacía un poco mucho de frío, decidí resguardarme abajo de una parada de ómnibus. En la parada (de la cuál carezco de información acerca de qué ómnibus pasan), esperaban el transporte colectivo una señora ya entrada en años (por no decir entrando en sus últimos años... o meses), un gordito nervioso y un chango (se ve que se labura bien a las 10 de la matina). Saqué del bolsillo de la camisa los cigarros, tomé uno y procedí a encenderlo. Para mi sorpresa, la doña me miró, frunció el ceño, arqueó las comisuras de los labios hacia atrás y movió su cabeza de derecha a izquierda un par de veces en claro gesto de desaprobación hacia mi acción, consiente de eso y respetuoso como soy le pregunté, "le molesta doña?" la señora no me contestó, empero de eso, y para mi mayor sorpresa, el chango contestó en nombre de la señora diciéndome, "claro que le molesta. A mí también me molesta, y además, este es mi lugar de trabajo, por lo cuál, técnicamente no podés fumar". La miré incrédulo y respondí, "qué? vos atendés acá?", el gordito nervioso metió su mano en una bolsita para luego llevar la uña de su dedo gordo al umbral de su nariz y aspirar profundamente, tras unos segundos de narigueteo, mandibuleando me contestó "tas de vivo?" para luego pasar a la afirmación "vos tas bien de vivo", atónito, atiné a largar un "bueno, no es para tanto, che, si les jode tanto me voy o lo apago... no, no, me voy, yo no estoy esperando el ómnibus" "a dónde te vas a ir?" respondió con una pregunta en claro gesto de mala educación y agresividad el grodito nervioso, "no sé, a otro lado a donde no les jorobe a ustedes" "Esta", me propinó el chango y agregó "vos de acá no te movés", "perdón?" dije, "perdón las larairas" retrucó la doña. "Epa, epa, no se nos está yendo un poco de las manos esto? digo, a final de cuentas entre tanta bobada ya me fumé medio pucho". El gordito repetía cada vez más nerviosamente "tas de vivo vos, eh? tas bien de vivo" y de a ratos narigueteaba de nuevo. "A ver, a ustedes dos les pregunto" dije refiriéndome al gochán y a la vejeta, "no les molesta que el ganso este esté meta tomar merca y si les molesta de sobremanera que yo me fume un puchito?". La vieja fue la primera en contestar con un "primero, él -refiriéndose al gordito merquero- es un caballero y lo que hace, no lo va a matar de un cancer ni a él ni a nosotros, los fumadores pasivos" "señora, a usté le queda poco en este baile me parece", el chango se metió en la conversa y dijo "volviendo a lo realmente importante, dos cosas: la primera, él -refiriéndose nuevamente al gordín palero- es mi cliente y sí, lo estoy atendiendo, segundo, me estás ahuyentando a la clientela y si pasa un patrullero, me va a cerrar el boliche y tercero, a la señora le quedarían muchos años de vida si no fuera por los fumadores como vos, gil". Dicho esto último y habiendo llegado a mi límite diario de tolrancia al absurdo, me llevé lo que quedaba del pucho a la boca, pegué una pitada larga, tanto así que me hiperventilé, pero no me importó, largué el humo sobre los individuos, arroje la colilla al suelo, no la pisé, me di media vuelta y me fui pensando: voy a tener que cambiar el vicio del pucho por el de la merca porque sino voy a terminar siendo un parias social.