martes, 29 de diciembre de 2009

Así se arreglan los problemas en Dublín...

Carlos Fabián O´Neill llegó a Uruguay, directamente desde Irlanda pocos días antes del fin de año. Un 28 de Diciembre, nuestro amigo Carlitos, tenía hambre, al rededor de las 22:30, decidió probar algo típicamente local: un sangüche caliente y un fainá de orillo. Para esto, buscó en el directorio telefónico, el número de algún pub (pizzería) que quedara cerca del lugar dónde él se encontraba; para su sorpresa, encontró el teléfono de un pub (pizzería) de nombre Dublín. A pesar del tilde tan provocador de una acentuación aguda, propia del terrajismo del país en el que se encontraba, le hizo recordar a la capital de su verde isla. Llamó, pidió y preguntó cuánto demoraba en llegar su pedido; una amable señora le respondió "ponele que unos 30 minutos máximo". Carlos Fabián, contento como nene con regalo nuevo, se dijo para sus adentros "media hora, es un tiempo más que suficiente para tomar un whiskey". Se lo sirvió, se lo tomó y ni el sangüche ni el fainá, habían llegado a su morada una vez transcurrida la media hora, así que se clavó otro güisquito. Al terminar el tercero, pensó que tal vez habían perdido su dirección así que volvió a llamar al mencionado Dublín para ver qué pasaba con su
pedido. Nuevamente atendió la anciana, quién ya no era tan amable y le dijo "estamos tapados de laburo, no estoy para aguantar a un guacho de mierda como vos" y cortó. Ya había pasado una hora y media desde que O´Neill había hecho su pedido, y sin perder la calma, se sirvió otro whisky y otro, y otro, hasta que, con lo que aún quedaba en la botella, salió rumbo a Dublín (no Dublin; ahí, a la pizzería nomás se fue). Mientras caminó las escasas 5 cuadras que lo separaban del local de comidas, bebió y cantó muy alegremente.
Finalmente, llegó. Abrió la puerta, se dirigió al mostrador, preguntó por el encargado y cuando este se presentó, sin mediar palabra, le partió la botella vacía en la cabeza, desmayándolo al instante y provocándole un paro cardio-respiratorio a la vieja de mierda que lo había atendido en el teléfono previamente. Se colocó una tiara en la cabeza, se descalzó, chasqueó sus dedos un par de veces, y al segundo chasquido, tres gaiteros y un duende aparecieron por la puerta portando tréboles y acto seguido comenzaron a tocar sus instrumentos (las gaitas), y al son de la música, Carlos Fabián O´Neill bailó sobre los cuerpos abatidos e inconcientes hasta el amanecer, mientras los parroqueanos y demás funcionarios del lugar allí presentes aplaudían, reían y bebían whiskey y cerveza.

Nota: aunque no lo crean, esto está basado en hechos reales, en la pizzería Dublín, me tuvieron 2 horas esperando un pedido y al llamar a reclamar, una vieja de mierda me dijo "estamos tapados de laburo, no estoy para aguantar mocosos" y cortó.