pedido. Nuevamente atendió la anciana, quién ya no era tan amable y le dijo "estamos tapados de laburo, no estoy para aguantar a un guacho de mierda como vos" y cortó. Ya había pasado una hora y media desde que O´Neill había hecho su pedido, y sin perder la calma, se sirvió otro whisky y otro, y otro, hasta que, con lo que aún quedaba en la botella, salió rumbo a Dublín (no Dublin; ahí, a la pizzería nomás se fue). Mientras caminó las escasas 5 cuadras que lo separaban del local de comidas, bebió y cantó muy alegremente.
Finalmente, llegó. Abrió la puerta, se dirigió al mostrador, preguntó por el encargado y cuando este se presentó, sin mediar palabra, le partió la botella vacía en la cabeza, desmayándolo al instante y provocándole un paro cardio-respiratorio a la vieja de mierda que lo había atendido en el teléfono previamente. Se colocó una tiara en la cabeza, se descalzó, chasqueó sus dedos un par de veces, y al segundo chasquido, tres gaiteros y un duende aparecieron por la puerta portando tréboles y acto seguido comenzaron a tocar sus instrumentos (las gaitas), y al son de la música, Carlos Fabián O´Neill bailó sobre los cuerpos abatidos e inconcientes hasta el amanecer, mientras los parroqueanos y demás funcionarios del lugar allí presentes aplaudían, reían y bebían whiskey y cerveza.
Nota: aunque no lo crean, esto está basado en hechos reales, en la pizzería Dublín, me tuvieron 2 horas esperando un pedido y al llamar a reclamar, una vieja de mierda me dijo "estamos tapados de laburo, no estoy para aguantar mocosos" y cortó.

1 comentarios:
Lástima que ni al final del cuentito Carlitos no se pudo comer el sandwichito!! Ufa!
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