Héctor "Pocho" Abravinowzky había nacido en el más profundo interior, en el interior del interior, allá, lejazos. Tuvo una infancia difícil siendo el único judío criollo que tocaba el acordeón en la zona... de hecho, era el único que tocaba el acordeón en la zona, por lo cual, sus servicios eran siempre requeridos en los bailes de campaña, pero, el shabbat, le impedía trabajar, llevándolo a optar ente abandonar tan hermoso instrumento o su credo. Naturalmente, optó por la primera opción y pasó a convertirse en productor rural luego de vender el aerófono de fuelle a una suma ridículamente desproporcionada a un incauto brasilero, tras hacerle creer que el mismo había pertenecido al mismo Adolph Hitler.
El Pocho se hizo así de unas cuantas hectáreas, unas cuantas vacas y con el tiempo, unos cuántos lujos, léase: televisores de plasma, camionetas 4x4, un sinfín de acordeones, portátiles, y todo lo que un hombre de esta clase debe tener. El moishe criollo era soltero, por lo tanto, no tenía quién le gastara el dinero y tampoco con quién pelearse. Héctor, sin embargo, tenía un vecino, Edú Al Habbadi, oriundo del Chuí (o sea, del lado brasilero; ¿de qué está llenito el lado brasilero? de palestinos. No hay mucho más que explicar, es increible lo que son las casualidades...). Edú tenía unas 5 o 6 hectáreas y una decena de vaca.
A pesar de que Héctor y Edú se llevaban muy bien y eran entre sí muy parecidos, solo para judearlo, Héctor cada día le iba corriendo unos centímetros el alambrado que separaba ambos campos. Edú, mucha cuenta no se daba y medio que la iba dejando pasar. Un campo era cada vez más grande y el otro cada vez más chico. Todo iba bien para los dos (mejor para uno que para el otro), hasta que un día, cosa e mandinga, dejó de llover por meses.
Edú, como tenía un campo chico, lo manguereaba de a ratos y las vacas contentas, ahora, el Pocho, si bien tenía un montón de guita y cosas que no precisaba, al ver que se le morían las vacas y de sólo pensar en un sistema de riego artificial, se puso muy mal. Tan mal que empezó a protestarle al gobierno de turno, y pedirle que tomara medidas urgentes para que el negocio siguiera siendo rentable (señores del gobierno, aprovecho la volada y desde acá les pido un subsidio para mí y para Monsieur Saicó, como para que este blog sea rentable, puede sergio??). El gobierno, como mucho no le importaba eso porque tenía otros problemas, no le dio pelota al Héctor. Las vacas del judío criollo se ponían cada vez más flacas, mientras que las del Edú, cada vez más gordas, su pasto estaba bien verde, el de Héctor, amarillo. Un día, desesperado, Héctor fue a con su vecino para ver si este le quería comprar alguna de sus vacas, una vez hecha la pregunta, la respuesta no se hizo esperar: "y, decime, pocho, vo, cuánto pedís por las vacas?", viendo que esta era su oportunidad, contestó "Mirá, Edú, a vos, te las dejo en 100 dólares cada una", confiado esperó la respuesta, la cuál le sorprendió: "bueno, pocho, te pago 100 dólares por las doce vacas", "una vaca por cada una de las tribus de Israel?", inquirió Pocho. "Sí, Hétor, lo que vo digas... 100 dólares por doce vacas y san seacabó". Héctor, no tuvo más remedio que vendérselas (bueno, sí, hubiera tenido el remedio de instalar riego artificial o de vender alguno de sus plasmas o alguna de sus todoterreno o lo que fuera, pero, todo eso, era muy complicado...), y así fue como en aquel pedazo del interior, la tortilla se dio vuelta y a los tres días de la venta, llovió doce días seguidos y el precio de la carne aumentó un 200% dadas las exportaciones, volviéndose rico Edú y maníaco-depresivo Pocho...
jueves, 22 de enero de 2009
lunes, 12 de enero de 2009
De vuelta en la vuelta
Después de mis vacaciones en un yate recorriendo las islas de la polinesia rodeado de 12 nativas de no más de 14 años, he vuelto, y hoy me disponía a escribir un artículo sobre las tangas, pero, algo distrajo mi atención y me obliga a posponer la entrada antedicha entrada. Es que estaba viendo la televisión cuando me encontré con un programa en canal 12 que lleva por nombre algo así como verano en barra, un juego de palabras digno de un mandril culo rojo. El programa está conducido por varios noteros/as, a destacar: un estadounidense que de pedo habla español y que no tiene ni idea de dónde está, un guacho de no más de 16 años que le pregunta a las minas cómo hay que laburárselas (nunca fui un gran ganador con las mujeres, más bien, todo lo contrario, pero estoy seguro que esa, no es la manera, sino, que alguna chica, en los comentarios, lo aclare, por favor) y que predice que va a meter más o menos una hora para correr diez kilómetros... jopende!!!, una hora capaz que meto yo que fumo una caja de cigarrillos por día y tengo 10 años más que vos, no seas malo!!!!! Por supuesto no faltan las minuzas que están más o menos buenas y las mandan a los boliches para que los tipos las quieran levantar en cámara, creyéndose que algo así puede ser gracioso en lugar de patético. No falta tampoco la postproducción intentando imitar la de cqc u otros programas argentinos como tvr, donde repiten algo que dijo el entrevistado o algún efecto de sonido de alguna colección berreta agregado después como el clásico "cuack". También me causó gracia uno de los noteros que para hablar con brasileros/as, hablaba en español, pero, con acento de frontera. Ojo!! El programa es internacional, porque también vi una nota de otra de estas descerebradas en Mar del Plata, dónde con un inglés de mierda le preguntaba a una canadiense si se quedaban ahí o iban a Uruguay. En fin, una maravilla de programa. Antes de cerrar esta entrada, se me viene a la cabeza otra perlita que vi hace unos días en el canal ocho de la paloma (si la producción televisiva en los canales montevideanos es una porquería, imagínense lo que será en un canal de un balneario del interior), dónde el notero (todo lo que diga de acá en más, es pura verdad, juro que no tuve que hacer ningún esfuerzo imaginándome nada), micrófono de computadora (sí, sí, de esos chatitos) en mano, sobrero de ala y camisa amarilla de manga larga, se paseaba por las playas de punta del diablo, haciendo a los turistas la pregunta "hablas español?" hasta toparse con una pareja de alemanes (para mí le estaban mintiendo y eran como mucho de alguna colonia) para formularles la pregunta de (rulo de tambores, platillo) "hay alguna playa así en alemania?" Enfermo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Alemania!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Comprá un mapa, sorete!!!!!!!!!!!!!!!!!! Alemania!!!!!!!!!!!!!! qué burrada dirá usté (si no lo dijo, dígalo), pero, que hijaputada lo del editor...
lunes, 29 de diciembre de 2008
Volver al futuro
Celebrando la llegada de un nuevo año y congratulándonos de la libertad de expresión que nos ofrece nuestra sociedad en la cual podemos decir cualquier tipo de barrabasada con total impunidad, dejamos la última entrega del 2008 de la "Columna de los jueves" (como siempre, un día distinto siempre que no sea jueves). Que sirva como advertencia...
Para esta entrega la verdad es que yo no creé nada, nada salió de mi cabeza, ni de mis manos. Digo de mis manos porque a veces escribo sin que los pensamientos pasen por mi cabeza, salen derecho de mis manos. En esos momentos me siento como “poseído”. Nooooo!!! Tranquilo… Ojo. Prometo que esta va a ser la única mojada de oreja. Lo juro por…. lo juro.
A lo que iba: para hoy no elaboré nada pero no por pereza o desidia o boludismo. No!, a pesar de que son sentimientos que me embargan muy seguido. Esta vez fue porque encontré algo que superó completamente, por lejos, cualquier cosa que se me pudiera haber ocurrido (si me apuran, digo que cosas como estas no podrían haber salido ni siquiera de una tormentosa tertulia de verano, en la playa, con mucha ginebra y cigarro divertido entre el jefe Mr. Tribilín y yo, dos cabecitas que ya son para atender…).
Cuestión que me encontré en uno de los diarios de mayor tiraje y circulación del país, con, lo que supongo que sería, un espacio contratado. El mismo era un artículo a página completa conmemorando el centésimo aniversario del nacimiento de un personaje, por mí y hasta ese momento, totalmente ignoto: un tal Plinio Correa de Oliveira.
Las conté: catorce veces tuve que voltear la página para confirmar que era diciembre de 2008. Sentí que había viajado en el tiempo, que me encontraba básicamente en la década de los 60 (aunque por momentos sentía a Torquemada pidiendo yesca para prender el fuego para el agua pal mate).
No voy a comentar nada sobre lo aquí transcripto, se los dejo a quien quiera hacerlo. Yo ya camino mirando para atrás, tengo miedo.
Yendo a lo que iba, primero paso a mostrar algunas perlitas para que se vayan situando en el contexto. Estos son algunos de los “términos” empleados:
“Obispos rojos (…) sacerdotes guerrilleros (…) curas tercermundistas” son expresiones sinónimas.
El trigésimo noveno Presidente de los Estados Unidos de América, entre 1977 y 1981 fue “el entreguista Carter”.
Ahora sí, sin más preámbulos, les dejo algunas de las perlitas que pude rescatar de este artículo, homenaje, mensaje, no sé qué…, de una asociación, club, movimiento, secta, tampoco sé qué… Repito que nada está alterado en lo más mínimo (“aunque usted no lo crea”):
“Si Brasil, su patria, no es hoy una inmensa Cuba; si varias naciones de Iberoamérica evitaron ese triste camino, o se salvaron in extremis de una catástrofe sin retorno, ello se debe en apreciable medida a la acertada acción doctrinaria y a la oportuna denuncia que Plinio Correa de Oliveira – en nombre de la Fé – hizo del “izquierdismo en la Iglesia” y del “comuno-catolicismo””.
“Es mérito suyo (…) y de entidades afines, que contribuyeron de modo decisivo para que el comunismo no consiguiera tampoco imponerse, a pesar de haber estado a un tris de ello, en otros países de América del Sur, tales como Argentina, Uruguay o Colombia; y que, del comunismo se librase, una vez caídos bajo sus garras, el Chile de Allende y en alguna medida el Perú de Alvarado y la Bolivia de Torres”.
“Pronunciamientos públicos (…) tuvieron un papel determinante en la reacción católica anticomunista de vastos sectores de la opinión pública brasileña.”.
Esta justificación de un golpe de Estado es muy buena: “Esta acción contribuyó y dio solidez doctrinal a la reacción que se levantaba, reacción que está en la raíz del movimiento cívico-militar que en 1964 terminaría impidiendo que el gigantesco Brasil cayese en el comunismo y arrastrase detrás de sí al resto del continente.”.
Esta publicación fue hecha por la agrupación (no sé bien cómo llamarla) “Tradición y Acción por Uruguay Auténtico, Cristiano y Fuerte”. Para no prejuzgar, decidí informarme así que entré a la página que indicaba el artículo. Lo que encontré en la página de inicio como presentación fue lo siguiente:
“Si la Revolución es el desorden, la Contra-Revolución es la restauración del Orden. Y por Orden entendemos la paz de Cristo en el Reino de Cristo. O sea, la civilización cristiana, austera y jerárquica, fundamentalmente sacral, antiigualitaria y antiliberal.”.
Por si no lo vieron bien, dice que el ideal es la sociedad antiigualitaria… Nuevamente, la dejo picando, el que quiera comentar algo siéntase libre de hacerlo, hasta que lo agarre Tradición y Acción por un Uruguay…
Para esta entrega la verdad es que yo no creé nada, nada salió de mi cabeza, ni de mis manos. Digo de mis manos porque a veces escribo sin que los pensamientos pasen por mi cabeza, salen derecho de mis manos. En esos momentos me siento como “poseído”. Nooooo!!! Tranquilo… Ojo. Prometo que esta va a ser la única mojada de oreja. Lo juro por…. lo juro.
A lo que iba: para hoy no elaboré nada pero no por pereza o desidia o boludismo. No!, a pesar de que son sentimientos que me embargan muy seguido. Esta vez fue porque encontré algo que superó completamente, por lejos, cualquier cosa que se me pudiera haber ocurrido (si me apuran, digo que cosas como estas no podrían haber salido ni siquiera de una tormentosa tertulia de verano, en la playa, con mucha ginebra y cigarro divertido entre el jefe Mr. Tribilín y yo, dos cabecitas que ya son para atender…).
Cuestión que me encontré en uno de los diarios de mayor tiraje y circulación del país, con, lo que supongo que sería, un espacio contratado. El mismo era un artículo a página completa conmemorando el centésimo aniversario del nacimiento de un personaje, por mí y hasta ese momento, totalmente ignoto: un tal Plinio Correa de Oliveira.
Las conté: catorce veces tuve que voltear la página para confirmar que era diciembre de 2008. Sentí que había viajado en el tiempo, que me encontraba básicamente en la década de los 60 (aunque por momentos sentía a Torquemada pidiendo yesca para prender el fuego para el agua pal mate).
No voy a comentar nada sobre lo aquí transcripto, se los dejo a quien quiera hacerlo. Yo ya camino mirando para atrás, tengo miedo.
Yendo a lo que iba, primero paso a mostrar algunas perlitas para que se vayan situando en el contexto. Estos son algunos de los “términos” empleados:
“Obispos rojos (…) sacerdotes guerrilleros (…) curas tercermundistas” son expresiones sinónimas.
El trigésimo noveno Presidente de los Estados Unidos de América, entre 1977 y 1981 fue “el entreguista Carter”.
Ahora sí, sin más preámbulos, les dejo algunas de las perlitas que pude rescatar de este artículo, homenaje, mensaje, no sé qué…, de una asociación, club, movimiento, secta, tampoco sé qué… Repito que nada está alterado en lo más mínimo (“aunque usted no lo crea”):
“Si Brasil, su patria, no es hoy una inmensa Cuba; si varias naciones de Iberoamérica evitaron ese triste camino, o se salvaron in extremis de una catástrofe sin retorno, ello se debe en apreciable medida a la acertada acción doctrinaria y a la oportuna denuncia que Plinio Correa de Oliveira – en nombre de la Fé – hizo del “izquierdismo en la Iglesia” y del “comuno-catolicismo””.
“Es mérito suyo (…) y de entidades afines, que contribuyeron de modo decisivo para que el comunismo no consiguiera tampoco imponerse, a pesar de haber estado a un tris de ello, en otros países de América del Sur, tales como Argentina, Uruguay o Colombia; y que, del comunismo se librase, una vez caídos bajo sus garras, el Chile de Allende y en alguna medida el Perú de Alvarado y la Bolivia de Torres”.
“Pronunciamientos públicos (…) tuvieron un papel determinante en la reacción católica anticomunista de vastos sectores de la opinión pública brasileña.”.
Esta justificación de un golpe de Estado es muy buena: “Esta acción contribuyó y dio solidez doctrinal a la reacción que se levantaba, reacción que está en la raíz del movimiento cívico-militar que en 1964 terminaría impidiendo que el gigantesco Brasil cayese en el comunismo y arrastrase detrás de sí al resto del continente.”.
Esta publicación fue hecha por la agrupación (no sé bien cómo llamarla) “Tradición y Acción por Uruguay Auténtico, Cristiano y Fuerte”. Para no prejuzgar, decidí informarme así que entré a la página que indicaba el artículo. Lo que encontré en la página de inicio como presentación fue lo siguiente:
“Si la Revolución es el desorden, la Contra-Revolución es la restauración del Orden. Y por Orden entendemos la paz de Cristo en el Reino de Cristo. O sea, la civilización cristiana, austera y jerárquica, fundamentalmente sacral, antiigualitaria y antiliberal.”.
Por si no lo vieron bien, dice que el ideal es la sociedad antiigualitaria… Nuevamente, la dejo picando, el que quiera comentar algo siéntase libre de hacerlo, hasta que lo agarre Tradición y Acción por un Uruguay…
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La columna de los jueves
lunes, 22 de diciembre de 2008
Odio el espíritu navideño
Lo odio, lo detesto, lo aborrezco... salvo cuando me hacen regalos o veo esa pata de cordero transpirando sobre la parrilla.
Quien no la odiaba (nótese el tiempo verbal) era Peter "el japo" Sánsun, oriundo de la ciudad (si así se le puede llamar) de La Paz (y antes que salte algún boliviano ofendido, me refiero a La Paz, Canelones, Uruguay; Google Earth, puede ser una buena herramienta para no ser tan idiota). Peter (fonéticamente como se escribe), armaba el árbol más grande de su ciudad todos los 8 de diciembre, plagaba sus ventanas de guirnaldas, chirimbolos, luces navideñas y otras fanfarrias de ocasión; compraba regalos para todos sus familiares, y hasta, él no odiaba a ningún familiar; incluso, hasta compraba regalos para repartir en un hospital de niños vestido como papá noel, sin siquiera importarle los 35 grados de calor, tampoco le importaban a la hora de comprar nueces, turrones y demás frutas secas, en fin, un idiota de campeonato.
Esta historia se repitió durante años, hasta aquella navidad donde sucedería lo impensado (impensado para idiotas como el japo). Aquel 24 de diciembre, Peter, salió tempranito a comprar la pirotecnia necesaria como para ser el tío camba o el vecino envidiado por su poderío pirotécnico. Aquella mañana, se decidió a gastar su medio aguinaldo ($2000) en petardos, tal vez, envalentonado por lo que había presenciado en la noche de las luces (otra aberración de la naturaleza). Sin aguinaldo pero con un arsenal como para volar un rancho de chapa, Peter, volvió cerca del mediodía a su casa (precisamente, un rancho de chapa) y depositó la cohetería entre la cocina y el comedor para luego disponerse a adobar el lechón que comería con su familia esa noche. Lo colocó en el horno y se decidió a sestear un poco, no sin antes haberse terminado 3 litros de sidra bien berreta; el calor concentrado por la refracción del sol en el techo de chapas no le afectó en lo más mínimo el sueño, el sueño de un futuro, sí. El calor acumulado en ese rancho de chapa ascendió vertiginosamente a unos 50 grados y eso fue suficiente para que la primer mecha se encendiera (no, no, no es una metáfora, es literal, la mecha de la primer bomba brasilera agarró fuego) y el resto es historia (de nuevo, literalmente). El rancho de peter voló por los aires (una vez más, literalmente) junto al lechón y la bolsa de cuetes y el propio Peter. Peter, finalmente tocó el suelo... a intervalos de 30 segundos, primero, su brazo izquierdo, luego su mano derecha y de último, el resto de él, atrapado por el lechón y debido a la ausencia de manos, Peter, falleció asfixiado por la bolsa de nylon negra donde estaban los cuetes, que había caído en su cara, y ese, fue el final de las navidades de Peter, los vecionos de La Paz, agradecidos.
Quien no la odiaba (nótese el tiempo verbal) era Peter "el japo" Sánsun, oriundo de la ciudad (si así se le puede llamar) de La Paz (y antes que salte algún boliviano ofendido, me refiero a La Paz, Canelones, Uruguay; Google Earth, puede ser una buena herramienta para no ser tan idiota). Peter (fonéticamente como se escribe), armaba el árbol más grande de su ciudad todos los 8 de diciembre, plagaba sus ventanas de guirnaldas, chirimbolos, luces navideñas y otras fanfarrias de ocasión; compraba regalos para todos sus familiares, y hasta, él no odiaba a ningún familiar; incluso, hasta compraba regalos para repartir en un hospital de niños vestido como papá noel, sin siquiera importarle los 35 grados de calor, tampoco le importaban a la hora de comprar nueces, turrones y demás frutas secas, en fin, un idiota de campeonato.
Esta historia se repitió durante años, hasta aquella navidad donde sucedería lo impensado (impensado para idiotas como el japo). Aquel 24 de diciembre, Peter, salió tempranito a comprar la pirotecnia necesaria como para ser el tío camba o el vecino envidiado por su poderío pirotécnico. Aquella mañana, se decidió a gastar su medio aguinaldo ($2000) en petardos, tal vez, envalentonado por lo que había presenciado en la noche de las luces (otra aberración de la naturaleza). Sin aguinaldo pero con un arsenal como para volar un rancho de chapa, Peter, volvió cerca del mediodía a su casa (precisamente, un rancho de chapa) y depositó la cohetería entre la cocina y el comedor para luego disponerse a adobar el lechón que comería con su familia esa noche. Lo colocó en el horno y se decidió a sestear un poco, no sin antes haberse terminado 3 litros de sidra bien berreta; el calor concentrado por la refracción del sol en el techo de chapas no le afectó en lo más mínimo el sueño, el sueño de un futuro, sí. El calor acumulado en ese rancho de chapa ascendió vertiginosamente a unos 50 grados y eso fue suficiente para que la primer mecha se encendiera (no, no, no es una metáfora, es literal, la mecha de la primer bomba brasilera agarró fuego) y el resto es historia (de nuevo, literalmente). El rancho de peter voló por los aires (una vez más, literalmente) junto al lechón y la bolsa de cuetes y el propio Peter. Peter, finalmente tocó el suelo... a intervalos de 30 segundos, primero, su brazo izquierdo, luego su mano derecha y de último, el resto de él, atrapado por el lechón y debido a la ausencia de manos, Peter, falleció asfixiado por la bolsa de nylon negra donde estaban los cuetes, que había caído en su cara, y ese, fue el final de las navidades de Peter, los vecionos de La Paz, agradecidos.
sábado, 20 de diciembre de 2008
Ella se fue...
Casi que un jueves, vuelve la columna de los jueves de monsieur Saicó. Esta vez, debo asumir mi responsabilidad en no haberla publicado un jueves. Hago un mea culpa, o sea, meo la culpa como quién se mea una herida para que se forme un callo. Es que vivir de las rentas y tener 5 mujeres, no es fácil, y encima que ahora tengo un empleado oligofrénico al que no le pago, ni pienso hacerlo, la sumatoria da muchísima más responsabilidad, y en mi piscina climatizada, eso, es mala palabra. Bueno, lo dicho, he aquí, una vez más para todos vosotros, la columna de los jueves de Monsieur Saicó. Salú
Se fue. Me dejó. Así de fácil. Me abandonó. Como se abandonan los zapatos viejos. O como habría que hacer con esa remera a la que después de 115 picaditos de fulbo no hay Cristo ni Beatle (chistecito interno con referencia directa a la entrada del 12 de diciembre, si no la leyó se jode) que le saque la baranda. Así fue, de un día para el otro, sin previo aviso ni nada.
Me había acostumbrado a escuchar su voz que si bien no era aterciopelada, tenía un encanto particular, sobre todo por su entonación. Y era escucharla cinco o más veces por día, siempre con su mensaje directo, al pie, las palabras justas, ni más ni menos, un consejo sabio dado entrelíneas, solapado en una frase. Tenía la virtud de los genios de poder resumir todo en una frase. Y no había cómo enojarse con ella. Si me decía lo que yo quería escuchar, la amaba más que nunca. Si en cambio, como muchas veces pasaba (sobre todo cerca de fin de mes) el mensaje no era bueno, sabía que no podía enojarme con ella. El culpable era yo y solamente yo.
Y la cuestión es que se fue. La señora que decía el saldo de la cuenta del celular antes de cada llamada se fue. Se fue esa chica que de antemano condicionaba la comunicación con nuestros pares. Que nos indicaba cuánto debía durar una llamada: si sería en formato de mensaje de texto (“Toy ahí a las 4”), si podíamos dedicarle unas palabras a nuestro interlocutor (“Mi amor, sabés que te amo, te juro que fue sin querer, no me di cuenta. Sí… sí… no… ya sé que no es la primera vez que lo hago… bueno… pero no te pongas así… ta… ta bien… si en casa hablamos”) o si debíamos recurrir al odiosísimo instituto de “la llamada perdida” para que nos llamen (yéndome un poco por las ramas, esto debería ser considerado delito, y sus autores colgados en la plaza del pueblo, sometidos al escarnio público y sus miembros cercenados colgados en los cuatro rincones de la República para advertencia del resto de la población).
Y nos dejó tirados a todos. Ahora para hablar con ella hay que llamar a un número especial y dar mil vueltas y ya no es lo mismo, ya no es cómodo.
Pero bueno, las cosas pasan y hay que asumirlas, se fue, no va volver y ya está. Ya no vamos a escuchar su característico: “Usted podrá hablar cuarenta ____ yún ____ minutoscón ____ veinte _____ segundos”. Pero tenemos que asumir que no va a volver. Esa pobre señora se quedó sin trabajo y no he visto ningún gremio movilizarse por eso (¿dónde quedó la inamovilidad de los funcionarios públicos?). A la que sí he visto movilizarse es a la sociedad civil. En la interné, los usuarios del servicio de telefonía celular se quejan de que quieren saber cuánto tiempo quieren hablar y reclaman la reincorporación a su puesto de trabajo de esta mujer.
Ahora, lo que me llama la atención es que si mal no recuerdo hubo una época en que la gente se quejaba de la presencia de ese servicio previo a cada llamada. Que terminaba siendo pesado, que sacaba cinco segundos de tiempo… Y esto me lleva a pensar si no será que el deporte nacional en el Uruguay no es ni el futbol ni las bochas (ni siquiera su hermano indigno que reaparece cada verano, el tejo) sino quejarse. Quejarse de todo, no importa. ¿Uruguay no será la gata Flora del mundo?
No sé, la dejo picando, para más información lea, entre otras, la entrada del jefe, un tipo que piensa y reflexiona y tiene respuestas acertadas (no como uno), del 8 de diciembre.
n. de r.: en cualquier momento me digo a escribir yo mismo una entrada.
n. de r. 2: esta vuelta se me dio por leer la columna de los jueves, y la verdad que, escribe bien el oligofrénico... ahora, yo, uso movistar (señores de movistar, la cosa es así: mi teléfono, se rompió, yo sé que no es culpa de ustedes, sino de don josé sony, pero, si aparece mágicamente abajo de mi árbol de navidad un telefonito, que bien podría ser un iPhone, yo, en todas las entradas que vendrán, hablo bien de ustedes, ustedes ven qué hacen...).
Se fue. Me dejó. Así de fácil. Me abandonó. Como se abandonan los zapatos viejos. O como habría que hacer con esa remera a la que después de 115 picaditos de fulbo no hay Cristo ni Beatle (chistecito interno con referencia directa a la entrada del 12 de diciembre, si no la leyó se jode) que le saque la baranda. Así fue, de un día para el otro, sin previo aviso ni nada.
Me había acostumbrado a escuchar su voz que si bien no era aterciopelada, tenía un encanto particular, sobre todo por su entonación. Y era escucharla cinco o más veces por día, siempre con su mensaje directo, al pie, las palabras justas, ni más ni menos, un consejo sabio dado entrelíneas, solapado en una frase. Tenía la virtud de los genios de poder resumir todo en una frase. Y no había cómo enojarse con ella. Si me decía lo que yo quería escuchar, la amaba más que nunca. Si en cambio, como muchas veces pasaba (sobre todo cerca de fin de mes) el mensaje no era bueno, sabía que no podía enojarme con ella. El culpable era yo y solamente yo.
Y la cuestión es que se fue. La señora que decía el saldo de la cuenta del celular antes de cada llamada se fue. Se fue esa chica que de antemano condicionaba la comunicación con nuestros pares. Que nos indicaba cuánto debía durar una llamada: si sería en formato de mensaje de texto (“Toy ahí a las 4”), si podíamos dedicarle unas palabras a nuestro interlocutor (“Mi amor, sabés que te amo, te juro que fue sin querer, no me di cuenta. Sí… sí… no… ya sé que no es la primera vez que lo hago… bueno… pero no te pongas así… ta… ta bien… si en casa hablamos”) o si debíamos recurrir al odiosísimo instituto de “la llamada perdida” para que nos llamen (yéndome un poco por las ramas, esto debería ser considerado delito, y sus autores colgados en la plaza del pueblo, sometidos al escarnio público y sus miembros cercenados colgados en los cuatro rincones de la República para advertencia del resto de la población).
Y nos dejó tirados a todos. Ahora para hablar con ella hay que llamar a un número especial y dar mil vueltas y ya no es lo mismo, ya no es cómodo.
Pero bueno, las cosas pasan y hay que asumirlas, se fue, no va volver y ya está. Ya no vamos a escuchar su característico: “Usted podrá hablar cuarenta ____ yún ____ minutoscón ____ veinte _____ segundos”. Pero tenemos que asumir que no va a volver. Esa pobre señora se quedó sin trabajo y no he visto ningún gremio movilizarse por eso (¿dónde quedó la inamovilidad de los funcionarios públicos?). A la que sí he visto movilizarse es a la sociedad civil. En la interné, los usuarios del servicio de telefonía celular se quejan de que quieren saber cuánto tiempo quieren hablar y reclaman la reincorporación a su puesto de trabajo de esta mujer.
Ahora, lo que me llama la atención es que si mal no recuerdo hubo una época en que la gente se quejaba de la presencia de ese servicio previo a cada llamada. Que terminaba siendo pesado, que sacaba cinco segundos de tiempo… Y esto me lleva a pensar si no será que el deporte nacional en el Uruguay no es ni el futbol ni las bochas (ni siquiera su hermano indigno que reaparece cada verano, el tejo) sino quejarse. Quejarse de todo, no importa. ¿Uruguay no será la gata Flora del mundo?
No sé, la dejo picando, para más información lea, entre otras, la entrada del jefe, un tipo que piensa y reflexiona y tiene respuestas acertadas (no como uno), del 8 de diciembre.
n. de r.: en cualquier momento me digo a escribir yo mismo una entrada.
n. de r. 2: esta vuelta se me dio por leer la columna de los jueves, y la verdad que, escribe bien el oligofrénico... ahora, yo, uso movistar (señores de movistar, la cosa es así: mi teléfono, se rompió, yo sé que no es culpa de ustedes, sino de don josé sony, pero, si aparece mágicamente abajo de mi árbol de navidad un telefonito, que bien podría ser un iPhone, yo, en todas las entradas que vendrán, hablo bien de ustedes, ustedes ven qué hacen...).
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La columna de los jueves
viernes, 12 de diciembre de 2008
Rayuela
Monsieur Saicó, vuelve a la carga, y esta vez, sí, un Jueves!!!! Es que le cambiaron la medicación y ahora le pega para escribir, y de pedo nomás mandó algo para que lo publique en La Columna de los Jueves, un Jueves, pero, es eso nomás, doña, de puro pedo... Ahí va:
Hace poco ví una rayuela en una vereda. Hacía años que no veía una rayuela pintada en el piso. ¿Será que los niños de ahora no quieren llegar al cielo?
Si es así, ¿qué pasa que la iglesia católica apostólica romana no llega a nuestros infantes?
El que sí se fue al cielo ahora fue John Lennon. Se ve que se tomó el directo (creo que es el D2, pero no estoy seguro, hace tiempo que no paso) Infierno – Cielo sin escalas gracias a la voluntad divina de los representantes de Dios en la Tierra. Parece que el Vaticano, después de más de 40 años lo perdonó por haber dicho en 1966 que los Beatles eran más famosos que Jesucristo…
Aaaaahh... se pasó Benito 36 ahí eh!!! Si el loco tenía razón… ¿Cómo no quieren que su mensaje no llegue a los mortales, a los simples terrícolas con ese tipo de declaraciones?
Volviendo a la rayuela: yo era muy bueno en ese juego, salvo que nunca podía llegar al final. No sé si era un tema de puntería con la piedrita o es que ya de chiquito me traicionaba el subconsciente.
La cuestión es que ya no se ven botijas jugando en la calle. Ya no se escuchan diálogos como “- Perá, perá! - ¿Qué cobrás?!! – Auto” (no sé si es típica frase de fulbito en la calle, pero era lo que decíamos nosotros y que la usábamos en situaciones comprometidas como un contragolpe voraz del equipo rival: se agarraba la pelota con las manos alegando “Auto” obligando a detener el match) o “No vale chumbiar”. Si seguimos así, si se acaba el fulbo en la lleca, este país se va al bombo; habrá un descenso en las exportaciones tan drástico que la vigente crisis de los subprime va a parecer la pequeña lucha diaria por no llegar a fin de mes que sufrimos todos. Este país (qué digo este país??!!! debería decir eh….. un par de tránsfugas, mejor dejo “país”) no se puede dar el lujo de dejar de vender guachitos pateadores de pelota de menos de 20 años al exterior. Si este producto escasea, ¿cómo nos va a conocer el mundo después? ¿cómo dejaríamos de ser un ignoto territorio en vías de desarrollo (puta, volvieron los clicheses) si no hay Tabareses Silvas, Marujos Oteros, Nicos Oliveras y Marcelos Zalayetas agarrándose a las piñas en boliches españoles, o Gustavoses Munuas dejando internados a compañeros de equipo?
Retomando la cuestión de por qué las futuras generaciones de este bendito país ya no juegan más en la calle, por lo menos hasta que se haga la nochecita, dele señora, no sea así: ¿Qué es lo que pasa? ¿Será que los maestros mandan más deberes y por alguna mutación genética ocurrida en la última década, los educandos vienen más responsables? Mandar más deberes significa corregir más y con el sueldo de mierda que ganan los maestros, y a menos que vayan por la huelga japonesa (producir más de lo que el empresario puede vender. Chau!! los tanaka son unos cras, esa acá no corre ni en pedo, es porque estamos taaaaaaaannnn lejos, en el mapa digo) no es buena estrategia gremial. Y según dicen, los niveles de reprobación crecen año a año.
¿Tendrá algo que ver la sensación térmica de inseguridad? Esa se la llevo, puede ser, no le voy negar que no si sí.
Y el último baby-sitter, sustituto de los padres: la plei esteiyon (o se el plei esteishon) y/o similares, ¿no jugarán un rol importante en todo esto? Y la tele, ni que hablar. Ah! avísenle a la Iglesia que por cada 5 niños que saben quien fue Jesús, hay 58 que prefieren a Patito Feo. Hay que excomulgar a todas las divinas, ya!!
El otro día volví a ver una rayuela pintada en la calle y una nena jugando a llegar al cielo. Se me escapó una sonrisa y seguí caminando.
Hace poco ví una rayuela en una vereda. Hacía años que no veía una rayuela pintada en el piso. ¿Será que los niños de ahora no quieren llegar al cielo?
Si es así, ¿qué pasa que la iglesia católica apostólica romana no llega a nuestros infantes?
El que sí se fue al cielo ahora fue John Lennon. Se ve que se tomó el directo (creo que es el D2, pero no estoy seguro, hace tiempo que no paso) Infierno – Cielo sin escalas gracias a la voluntad divina de los representantes de Dios en la Tierra. Parece que el Vaticano, después de más de 40 años lo perdonó por haber dicho en 1966 que los Beatles eran más famosos que Jesucristo…
Aaaaahh... se pasó Benito 36 ahí eh!!! Si el loco tenía razón… ¿Cómo no quieren que su mensaje no llegue a los mortales, a los simples terrícolas con ese tipo de declaraciones?
Volviendo a la rayuela: yo era muy bueno en ese juego, salvo que nunca podía llegar al final. No sé si era un tema de puntería con la piedrita o es que ya de chiquito me traicionaba el subconsciente.
La cuestión es que ya no se ven botijas jugando en la calle. Ya no se escuchan diálogos como “- Perá, perá! - ¿Qué cobrás?!! – Auto” (no sé si es típica frase de fulbito en la calle, pero era lo que decíamos nosotros y que la usábamos en situaciones comprometidas como un contragolpe voraz del equipo rival: se agarraba la pelota con las manos alegando “Auto” obligando a detener el match) o “No vale chumbiar”. Si seguimos así, si se acaba el fulbo en la lleca, este país se va al bombo; habrá un descenso en las exportaciones tan drástico que la vigente crisis de los subprime va a parecer la pequeña lucha diaria por no llegar a fin de mes que sufrimos todos. Este país (qué digo este país??!!! debería decir eh….. un par de tránsfugas, mejor dejo “país”) no se puede dar el lujo de dejar de vender guachitos pateadores de pelota de menos de 20 años al exterior. Si este producto escasea, ¿cómo nos va a conocer el mundo después? ¿cómo dejaríamos de ser un ignoto territorio en vías de desarrollo (puta, volvieron los clicheses) si no hay Tabareses Silvas, Marujos Oteros, Nicos Oliveras y Marcelos Zalayetas agarrándose a las piñas en boliches españoles, o Gustavoses Munuas dejando internados a compañeros de equipo?
Retomando la cuestión de por qué las futuras generaciones de este bendito país ya no juegan más en la calle, por lo menos hasta que se haga la nochecita, dele señora, no sea así: ¿Qué es lo que pasa? ¿Será que los maestros mandan más deberes y por alguna mutación genética ocurrida en la última década, los educandos vienen más responsables? Mandar más deberes significa corregir más y con el sueldo de mierda que ganan los maestros, y a menos que vayan por la huelga japonesa (producir más de lo que el empresario puede vender. Chau!! los tanaka son unos cras, esa acá no corre ni en pedo, es porque estamos taaaaaaaannnn lejos, en el mapa digo) no es buena estrategia gremial. Y según dicen, los niveles de reprobación crecen año a año.
¿Tendrá algo que ver la sensación térmica de inseguridad? Esa se la llevo, puede ser, no le voy negar que no si sí.
Y el último baby-sitter, sustituto de los padres: la plei esteiyon (o se el plei esteishon) y/o similares, ¿no jugarán un rol importante en todo esto? Y la tele, ni que hablar. Ah! avísenle a la Iglesia que por cada 5 niños que saben quien fue Jesús, hay 58 que prefieren a Patito Feo. Hay que excomulgar a todas las divinas, ya!!
El otro día volví a ver una rayuela pintada en la calle y una nena jugando a llegar al cielo. Se me escapó una sonrisa y seguí caminando.
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La columna de los jueves
martes, 9 de diciembre de 2008
Un año más...
Monsieur Saicó vuelve con su columna semanal de los jueves, solo que un mes y medio después de la primera y un lunes, pero, no importa, ya todos saben de so oligofrenia, así que solo síganle la corriente. Los dejo con este sentido post (eso me dijo él, yo, la verdá que ni lo leí ni lo pienso leer).
¿Quién un lunes de mañana al tener que encarar el laburo y toda una semana de romperse el lomo no se ha sentido un “héroe de la clase trabajadora”?
¿Quién no se considera un tipo celoso?
¿Quién no se ha imaginado a todo el mundo viviendo en paz?
¿Quién no ha querido robarle unos versos y decírselos a su mujer, deseando que se nos hubieran ocurrido a nosotros? Cosas como: no te olvides que mi vida está en tus manos, por poner un ejemplo mínimo.
¿Quién no se ha pasado largo rato sentado como un choto mirando las ruedas pasar (algunos prefieren ver la salida de los aviones, bien por ellos – les llegaron a poner un carrito de chorizos en la 101 al lado del radar) y replantearse la propia existencia aunque el mundo parezca estar contra uno? (a mí también me encanta verlas rodar, loco!).
Si es así, si alguien puede identificarse con alguna de estas frases, cómo es que hoy que se cumplen años del asesinato de quien logró resumir en cuatro versos todas las etapas de una relación, de quien supuestamente con tres amigos revolucionó la música, y muchos más etcéteras, en Uruguay solo tenemos un tributo en un callejón, que espero que no se haya suspendido por el fin del mundo que se avecinaba a la hora en que se iba a hacer…
Hace unos años se cumplían 20 años exactamente y fui a un recital en el Teatro de Verano de dos de los más grandes exponentes de la música uruguaya.
Supuestamente los números redondos se recuerdan con más intensidad y una de las figuras unos años después se arrodilló ante Prince. No se hizo ningún tipo mención a la fecha, ni un cover, ni un pedido de aplauso, nada.
Por un tema de ubicación y casualidad resultó que esta entrada deba ir justo después de que Mr. Tribilín haya hecho un racconto de algunas cualidades de los uruguayos. Vale decir que faltaron muchas para todos lados, buenas y malas. Pero, ¿no será ésta otra muestra representativa…? Vaya desde acá nuestro (o por lo menos mi) humildimísimo homenaje a John Lennon en los 28 años desde que un loquito decidió que no tenía que hacer más canciones.
¿Quién un lunes de mañana al tener que encarar el laburo y toda una semana de romperse el lomo no se ha sentido un “héroe de la clase trabajadora”?
¿Quién no se considera un tipo celoso?
¿Quién no se ha imaginado a todo el mundo viviendo en paz?
¿Quién no ha querido robarle unos versos y decírselos a su mujer, deseando que se nos hubieran ocurrido a nosotros? Cosas como: no te olvides que mi vida está en tus manos, por poner un ejemplo mínimo.
¿Quién no se ha pasado largo rato sentado como un choto mirando las ruedas pasar (algunos prefieren ver la salida de los aviones, bien por ellos – les llegaron a poner un carrito de chorizos en la 101 al lado del radar) y replantearse la propia existencia aunque el mundo parezca estar contra uno? (a mí también me encanta verlas rodar, loco!).
Si es así, si alguien puede identificarse con alguna de estas frases, cómo es que hoy que se cumplen años del asesinato de quien logró resumir en cuatro versos todas las etapas de una relación, de quien supuestamente con tres amigos revolucionó la música, y muchos más etcéteras, en Uruguay solo tenemos un tributo en un callejón, que espero que no se haya suspendido por el fin del mundo que se avecinaba a la hora en que se iba a hacer…
Hace unos años se cumplían 20 años exactamente y fui a un recital en el Teatro de Verano de dos de los más grandes exponentes de la música uruguaya.
Supuestamente los números redondos se recuerdan con más intensidad y una de las figuras unos años después se arrodilló ante Prince. No se hizo ningún tipo mención a la fecha, ni un cover, ni un pedido de aplauso, nada.
Por un tema de ubicación y casualidad resultó que esta entrada deba ir justo después de que Mr. Tribilín haya hecho un racconto de algunas cualidades de los uruguayos. Vale decir que faltaron muchas para todos lados, buenas y malas. Pero, ¿no será ésta otra muestra representativa…? Vaya desde acá nuestro (o por lo menos mi) humildimísimo homenaje a John Lennon en los 28 años desde que un loquito decidió que no tenía que hacer más canciones.
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