No. No voy a escribir absolutamente nada acerca de la teletón. Ya maté las primeras 4 horas de la misma viendo la primer temporada de lost (ni jodiendo dejo un link para q la bajes, buscá por otro lado). Ahora, me dispongo a contadles la verídica y triste historia de Armando Armando, un escocés que no supo interpretar las señales del destino y por ende, fue incapaz de seguirlas... de hecho, si Armando Armando hubiese sido un avión queriendo aterrizar en medio de la noche, hubiese terminado clavándose de pico en la torre de control o al menos en el free shop del aeropuerto.
Armando (como nombre de pila), a la temprana edad de los 37 años, decidió emprender un viaje para conocer el mundo. Claro, era soltero, no trabajaba y le quedaban aún dos años de su cuarto lustro sabático consecutivo. Decidió comenzar su viaje por América del Sur, probablemente movido por la ambición de moverse a alguna latina... latina tárner...
Armando (como apellido), reservó su pasaje con un mes de anticipación, contrató un servicio médico, cargó las baterías de su laptop y contrató el servicio de roaming de su empresa de telefonía móvil y se sentó a esperar a que llegara el día en el que partiera finalmente su avión con destino a Buenos Aires. Al fin llegó ese día. El vuelo salía a las 10:30 am y nuestro Armando, cuyo despertador debía sonar a las 07:00 am, se despertó 08:15, y, claro, todos sabemos cómo son las carreteras en Glasgow (¿?).
Pese a todo, Armi, llegó al Roy Aitken International Airport unos minutos antes de que su vuelo partiera. Los suficientes para que la chica detrás del mostrador de The Chivas Regal Airways (qué cliché, perdón) le dijera que el vuelo estaba sobrevendido. Segundos después de que la desolación invadiera a nuestro Armando, la misma chica le anunció que uno de los pasajeros estaba teniendo un paro cardíaco, así que quedaba un lugar libre para Armando. Parecía que la buena suerte por fin comenzaba, pero, claro, solo parecía.
Mientras por la manga sacaban al recientemente fallecido, Armando (de lo que sea), entraba al avión. Sentose en su asiento y luego de abrocharse el cinturón, se alistó a disfrutar del vuelo... El problema fue que los 3 clorazepán que tomó, estaban vencidos hace un año y tuvo el peor vuelo de su vida. La pasajera del asiento contiguo también.
Por fin arribó a la ciudad de Buenos Aires, la perla del plata, la ciudad del gotán, la ciudad que nunca duerme, la gran manzana (sí, ya sé que esa es Nueva York, pero, me estaba quedando sin boludeces y no sabía cómo salir de esa, una vez más, perdón). Como era de esperarse, llovía. Fue directamente al hotel y tras presentarse frente al mostrador y pedir la llave correspondiente a la habitación de Armando y que el conserje se la entregara, subió. Le extrañó un poco leer un cartel en el ascensor que rezaba "no visite Uruguay, cosas horribles le pueden pasar", luego de meditarlo unos minutos, se convenció que probablemente era parte de la rivalidad futbolistica (sí, una rivalidad bárbara... tanto así que Uruguay no le gana a Argentina desde hace por lo menos un lustro). Al entrar en su habitación y abrir el minibar se topó con un cartel dentro del mismo con la frase "Armando, no vayas a Uruguay, no seas boludo", pese a ello, armando un tabaco, Armando se dispuso llamar a Buquebus (bueno, acá, la cosa es así: López Mena, si ponés unos manguitos, todas las semanas el personaje del relato llama a tu empresa y el relato, se desvía a lugares insospechados tan solo para contar las bondades de tus barcos; ahora, donde no pongas la tarasca, a tu empresa no la voy a nombrar nunca, salvo cuando escriba alguna parodia del titanic... lo entendiste, no? espero ese mail...), decía, se dispuso llamar a Buquebus para efectuar su reserva con destino a Montevideo. La telefonista de la antedicha empresa (vez, López Mena, ya podría haber aparecido dos veces sin importarme la redundancia...) le previno q el viaje le saldría carísimo pues tenía todo reservado hasta fines del 2010 (Uruguay, país turístico... acá es dónde el ministerio se podría poner con un esponsoreo...). Armando, pese a eso, insistió alegando que pagaría todas las sobrecuotas necesarias con tal de viajar a Uruguay, mientras la chica le pedía amablemente sus datos, prendió la tele en el canal de las noticias, el cuál advertía a toda la población escocesa de no viajar a Uruguay. Armando, una vez más, hizo caso omiso de las señales y compró el pasaje para la mañana siguiente y por fin se dispuso a dormir un rato. Se despertó a causa de una pesadilla y se encontró a sí mismo balbuceando en perfecto castellano "no debo viajar a Uruguay". Durante unos minutos estuvo intentando descifrar qué querían decir esas palabras, de las cuales solo conocía el significado de "no" y de "Uruguay".
Finalmente a la mañana siguiente, viajó a Uruguay; lo peor estaba por comenzar.
Cuando llegó al antedicho país se encontró con algo totalmente distinto a lo que él se había imaginado. Esa noche, salió a bailar y conoció a una chica... uruguaya ella, Yanet era su nombre. Al principio, nuestro Armando pensó que era el nombre más aberrante que jamás había escuchado, pero, era latina, pensó, así que una buena revolcada con ella, supuso que estaría bien.
Hoy, doce años después (ironía del destino?), casado con la Yané, Armando es un gordo que anda en chancletas con termo y mate abajo del brazo, veranea en Piriápolis y después de su trabajo como empleado público en una dependencia del ministerio del interior, concurre al bar "los amigos" a jugar al truco, tomar espinillar y ver la vida pasar delante de sus ojos... Lo más cerca de Escocia que se siente es cuando los domingos, antes de ir al parque Lecoq a hacer el asado con los botijas, toma su vasito de Mc Pay.
Armando, lamentablemente, no supo interpretar las inequívocas señales del destino...
sábado, 29 de noviembre de 2008
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1 comentario:
Viste? Hoy no tenés comentarios porque no hablaste de un tema polémico... Te dejo mi humilde aporte y mi más afectuoso saludo! Y me voy corriendo a mirar la Teletón!!!
Salud!
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